Sang Woo y su abuela: Belleza natural

Esta película ha obtenido de la Academia Coreana de Cinematografía el Premio -2002- a la Mejor Película y al Mejor Guión Original; es decir, los dos premios para Lee Jeong-hyang. Esto es lo que hay que hacer con las películas mínimas como poemas y silenciosas como la Naturaleza: premiarlas porque, si no, el gran público puede no advertir su existencia, y a veces tampoco los festivales, como el Internacional de Cine de Toronto -2002 también-, en el que esta película estuvo en la Sección Oficial, sin más.

La anécdota de Sang Woo y su abuela es mínima: la madre, sola, para estar más libre en su búsqueda de trabajo en la gran ciudad, lleva a su hijo de siete años a casa de la abuela, a la que el niño no conocía. Casi ni es aldea el lugar, sino un puñadito de casas míseras; y la inmensa y callada y viva Naturaleza les envuelve.

Contrastan las deficiencias de la civilización de ciudad, el egoísmo del impaciente niño, frente a la generosidad y la sabia paciencia, muda, de la abuela, de su cultura… en la Naturaleza. Situaciones cotidianas, de desnuda sencillez, que vive la abuela, van llevando al niño -tras un inicial periodo de crispación y aburrimiento- a la admiración por las cosas más necesarias, al aprecio por todo. Un ascetismo alegre frente a un derroche irresponsable y caprichoso, malhumorado. La belleza de lo natural, lo puro, frente a sofisticados juegos mecánicos, individualistas, que anulan la capacidad creativa y de contemplación de lo real, de atención a otras personas, y la amistad.

Cabe concluir -fuera de la película- que sin lección ni amonestación ninguna -la abuela es muda-, con su solo ejemplo generoso, con la educación en los valores humanos, de la persona, lleva en poco tiempo al niño a la apertura de su corazón y de su capacidad de amar. Y dentro de la película, en ella, se vive como en un cuento hermoso, en la belleza de los distintos árboles y sus variados colores, se vive el cariño y el respeto, se vive un amor incipiente, una amistad. El dolor asumido. La alegría, el humor. El trabajo que, sobre todo, enriquece a la persona, es solidario. Se vive… dentro de la película, una maravillosa verdad.

La dirección -la narración en imágenes, no hay casi palabras- es sencillísima también, no hay nada abrupto o efectista, todo sucede con ritmo pausado, ordenado, aun en lo imprevisto; el alma del guión. Tampoco la belleza del paisaje es apabullante, sino que es casi humana, digo, humanizada con lo bueno que tiene la persona, y es mucho, como muestra la gente de ese lugarejo coreano, con Sang Woo y su abuela.

Ficha Técnica

  • País: Corea del Sur (Jibeuro, 2002)
  • Fotografía: Yoong Hoong-Shik
  • Música: Kim Dae-Hong, Kim Yang-Hee
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Reseña
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Crítico de cine, poeta, escritor y traductor