Saraband: Bergman a los 85

Rodada para la televisión en vídeo digital, esta película es la última que dirigió Ingmar Bergman antes de su retirarada del mundo del cine. Su guión se inspira en la muerte de Ingrid von Ro­sen, su quinta y última esposa, y viene a ser una especie de continuación de Secretos de un matrimonio.

Marianne y Johan se divorciaron hace tres décadas y no han vuelto a verse desde entonces. Su reencuentro está marcado por la muerte de Anna, la esposa de Henrik, el hijo que tuvo Johan con su última esposa y con el que se lleva a matar. Conforme renuevan su deteriorada relación, Marianne y el enfermo Johan deberán curar heridas muy profundas, en las que irán mostrando sus propias debilidades y sus muchos egoísmos. Todo ello enturbiado por el cruel dolor de Henrik y por el ansia de su bella hija Ka­rin por ingresar en una escuela de jóvenes músicos.

Fiel al título de la película, Bergman (Upp­sala, 1918) la estructura en un prólogo, diez actos y un epílogo, cada uno de ellos en torno al “baile” de los diversos personajes de dos en dos. Esto da al conjunto de su trabajo un cierto ca­rácter episódico, cuya discontinuidad salva Bergman gracias a una puesta en escena impresionante, en la que cada gesto de los actores y cada elemento del encuadre cumple un papel dramático relevante. Esto lo consigue en gran parte debido al trabajo de un equipo técnico de primera categoría y, sobre todo, a unos actores que están magníficos, que se introducen en el complejo universo de Bergman como si siempre hubieran vivido dentro de él, lo que en gran medida es así, pues Liv Ullman fue pareja del director sueco durante años, y Erland Jo­sephson continúa siendo su amigo más íntimo.

Esta propuesta no alcanza sin embargo la excelencia estética de las mejores obras de la filmografía del director sueco, que se deja llevar por el lado más oscuro de su clásico y proverbial pesimismo. Las bajas pasiones de los personajes se extreman hasta llegar a un retrato patético de su desamorada atracción sexual y de su necesidad de no sentirse solos, que parece justificar el incesto en unas determinadas circunstancias. Nos encontramos de nuevo ante el Berg­man más atormentado, ése que ha decidido retirarse a la solitaria isla de Färö y que intenta exorcizar su tristeza y sus culpas a través de su arte, como gritando a Dios y al mundo su propia impotencia y debilidad, pero sin dejar por otro lado que entren en su alma ni uno ni otro.

Ficha Técnica

  • País: Suecia, 2003
  • Fotografía: Raymond Wemmenlöv, Per-Olof Lantto, Sofi Stridh, Jesper Holmström, Stefan Eriksson
  • Montaje: Sylvia Ingemarsson
  • Distribuidora: Wanda Films
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Reseña
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Presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos. Profesor Historia del Cine Animación