Senderos de honor: Convivir en la congoja

· Crítica de Senderos de honor | Disponible en Amazon Prime Video y Filmin.
· Senderos de honor se situaría entre el torturado nihilismo de Johnny cogió su fusil (1971), de Dalton Trumbo, y la optimista confraternidad de La gran ilusión (1937), de Jean Renoir.

Senderos de honor es la segunda versión fílmica de Journey’s End (‘final de viaje’ o ‘fin de trayecto’), título de sendas obras del novelista y dramaturgo inglés Robert Cedric Sherriff (1896-1975): la pieza teatral (protagonizada por Laurence Olivier en su estreno en 1928) y la posterior novela, coescrita con el periodista y político Vernon Bartlett. Ambas son testimonio creativo y experiencial del paso de Sherriff por el frente occidental de la Gran Guerra.

Años después, éste desarrolló también una fecunda carrera como guionista de importantes películas: El hombre invisible (1933), de James Whale; Adiós, míster Chips (1939), de Sam Wood; Las cuatro plumas (1939), de Zoltan Korda; Lady Hamilton (1941), de Alexander Korda, etc.

Por su parte, la primera adaptación cinematográfica de Journey’s End fue dirigida por James Whale y estrenada en abril de 1930, casi recién publicada la citada novela. La segunda, realizada en 2017 por el inglés Saul Dibb (1968), fue invisible en España hasta otoño de 2019, ya exhibida en plataformas.

Siendo Senderos de honor un relato sobre la I Guerra Mundial, cabría esperar afinidades con Senderos de gloria (1957), de Stanley Kubrick, pero apenas las hay: Senderos de honor son más bien palabras señuelo.

La amarga película de Kubrick y Kirk Douglas es un filme bélico y pacifista basado en hechos históricos, denunciador de criminales abusos y arbitrariedades cometidos por quienes en su día ejercieron (ejercen, diría el ácrata Kubrick) la autoridad y la justicia militares.

El film de Dibb es, en cambio, relato de una temible espera y del incesante combate contra la misma. De ahí la convivencia con el miedo y la muerte, el horror y la irreversibilidad, la desesperación y la añoranza, la memoria y la pérdida…

Recreación de una atrincherada vida castrense que, más allá de sus divergentes tonos, vincula Senderos de honor a la tragicómica y referencial La gran guerra (1959), de Mario Monicelli.

Es pues una incursión por territorio íntimo; el del indecible sufrimiento de hombres abocados a pender de la funesta incertidumbre. Con todo, la tragedia no es focalizada tanto en los personajes, cuanto busca desentrañar el compadecimiento, es decir, el padecimiento personal y común, compartido. Cada uno sucumbe y se levanta y viceversa, en una sucesión de relevos dignos de ser narrados.

En este sentido, Senderos de honor se situaría entre el torturado nihilismo de Johnny cogió su fusil (1971), de Dalton Trumbo, y la optimista confraternidad de La gran ilusión (1937), de Jean Renoir.

Estas interioridades de la congoja son potenciadas por la turbadora y oscura música de Hildur Guðnadóttir y la preciosa fotografía de Laurie Rose. Plateada, desvaída, azulada en exteriores; captada en los interiores mediante fuentes lumínicas tenues (velas, candiles, lámparas…), que tanto ayudan a concentrar la atención, remitiendo, pienso, al arte de Caravaggio o Georges de La Tour.

Pero la repercusión de tanta umbría, reposa sobre todo en el trabajo de unos actores bien dirigidos y conscientes de aprovechar el reto de encarnar los textos de Sherriff. Aun así, Sam Claflin cae a veces en el exceso, en su afán de expresar el patetismo de su personaje. Prefiero los trabajos secundarios de Stephen Graham como el teniente Trotter y, en especial, Paul Bettany como el teniente Orborne, ese vecino, profesor o amigo que deberíamos tener… o ser.

Lástima que Senderos de honor no tenga mejor remate, precipitado en un final carente de emoción, que desluce el conjunto y la reflexión en torno a una historia tan digna de ser ponderada.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Laurie Rose
  • Montaje: Tania Reddin
  • Música: Hildur Guðnadóttir
  • Diseño de producción: Kristian Milsted
  • Vestuario: Anushia Nieradzik
  • Duración: 107 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: Amazon Prime Video, Filmin
  • Reino Unido (Journey’s End), 2017
  • Estreno: 17.10.2019 (Movistar+)
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Reseña
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Licenciado en Geografía e Historia (especialidad Historia del Arte) y Diplomado en Estudios Avanzados de Historia del Arte. Autor del libro “John Ford en Innisfree. La homérica historia de ‘El hombre tranquilo’ (1933-1952)”