Ser y tener

Dirección y guión: Nicolas Philibert Fotografía: Katell Djian, Laurent Didier Montaje: N. Philibert Música: P. HersantIntérpretes: El maestro, Georges López, y sus alumnos Distribuidora: Karma

Francia, 2002. Estreno en España: 02.01.2004

El gozo de educar y de ser educado

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Sin duda, la hermosura sencilla del paisaje -campesino, no romántico- de al­gún lugar del Auverne, presente en las cuatro estaciones, coopera a la claridad de es­­ta película. Igual­mente -mucho más- los rostros de los ni­ños, sus gestos sencillos y sus miradas limpias. También el encanto de la misma escuela, el alto edificio aislado, la verja…; y todo esto maravillosamente fotografiado. Pero sobre todo -no son arte las cosas mismas sin más- es la sensibilidad creativa de Nicolas Philibert (guión, cámara, dirección, montaje), que ha sabido dar el toque a la realidad haciéndola mágica.

La realidad es esta: “Existen todavía, diseminadas por Fran­cia, escuelas de una úni­ca clase, en la que todos los niños de un mismo pueblo, desde el parvulario hasta las clases elementales, se concentran en torno a un maestro (…). En una de estas escuelas, situada en alguna parte del cora­zón del Auver­ne, se rodó esta película”.

Ser y tener es un documental (¿o sólo tiene aspecto documental?) que muestra la vida de una pequeña clase de un pueblo a lo largo de un curso. Es cierto que el maestro, Georges López, tie­ne unas dotes pedagógicas excepcionales; pe­ro, al ser eso verdad, no cabe sino decir que la película, además de una bellísima obra perfecta, es muy útil, co­mo modelo para maestros y profesores.

Uno de los secretos de la captadora gracia de este film es éste: Muestra la vida; es, si cabe decirlo así, una obra viva. ¡Nada menos! Con la sencillez de lo auténtico, con la inteligencia de lo bien acabado, presenta la ternura de los ni­ños de cuatro años, su admiración ante lo que apren­den, su confianza desarmada; y presenta también las dificultades interiores y de comportamiento de los pre-adolescentes de diez o poco más años, su noble re­a­cción ante quien sabe serles amigo. Todo bajo la “autoridad tranquila” de un maestro que es también un creador, un despertador de almas…

La realización cinematográfica -por un periodo de un curso entero- no estuvo exenta de mucha dificultad, y parece sin embargo como si la cámara no existiera ante los niños -104 minutos que pasan como un soplo-. El resultado es de una gran sencillez, ofrece só­lo espontánea amenidad y risa, tragedias cotidianas y comunes sufrimientos, diversiones trans­paren­tes…

Y se cierra la obra como las o­bras maestras se cierran: con un fi­nal admirable, tan simple y al mismo tiempo tan cargado de sentimientos y de ideas, que enriquece la mente y duele en el corazón, y lo esponja.