Sherlock Holmes

Crítica de la película

Guy Ritchie moderniza de manera impecable al detective más famoso de todos los tiempos en una de las mejores películas comerciales del año

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portada

· Ofrece un retrato de Sherlock Holmes como héroe de acción accesible por completo a la audiencia juvenil contemporánea

Sensacional, querido Watson

La modernización cinematográfica de un personaje tan mítico y querido en la literatura universal como Sherlock Holmes era una tarea delicada. A priori, ponerla en manos de Guy Ritchie (Snatch, Lock and stock), un realizador algo propenso al gamberrismo y a los excesos visuales posmodernos, no era la opción más conservadora. El resultado, sin embargo, es un filme de acción/aventuras/suspense casi impecable que, además, permanece fiel de una manera muy inteligente a la mitología de la obra creada por Arthur Conan Doyle.

La idea de dotar de una nueva perspectiva al protagonista de la más célebre saga detectivesca de todos los tiempos partió del productor Lionel Wigram, quien acudió al dibujante John Watkiss para que le confeccionara una novela gráfica que plasmara su visión. Esa fue la base para que An­tho­ny Peckham (Invictus), Simon Kinberg (Sr. y Sra. Smith) y Michael Ro­bert John­son se pusieran manos a la obra y escribieran el guión que dio lugar a la película. El libreto no toma como referencia directa ninguna de las novelas de Co­nan Doyle, aunque sí incluye más de una alusión a algunas de las más conocidas como El perro de los Baskerville o El vampiro de Sussex. La historia arranca en el Londres de finales del siglo XIX, con el apresamiento con la ayuda de Holmes (Robert Downey Jr.) y su inseparable compañero Watson (Jude Law) de Lord Blackwood (Mark Strong), un temi­ble asesino de tendencias ritualistas. Black­wood es ajusticiado y ejecutado, pero pronto los rumores de su “resurrección” se unen a unos nuevos crímenes ligados a un misterioso grupo de tintes masónicos con influencias en las más altas esferas del poder británico.

Lo que se consigue en esta película parecía casi imposible. Ofrece un retrato de Sherlock Holmes como héroe de acción accesible por completo a la audiencia juvenil contemporánea, sin descuidar en absoluto los aspectos más icónicos del personaje literario. La disección que se hace del carácter del protagonista, así como de su relación con Watson, es de una profundidad increíble para una película comercial, y sin embargo está perfectamente integrada en ella. Incluso las licencias en apariencia más gratuitas tienen justificación: la afición de Holmes a las artes marciales, por ejemplo, se encuentra mencionada en el relato corto La aventura de la casa deshabitada, de 1901.

El gran sorpresón no obstante es Guy Ritchie. El realizador británico apenas se hace concesiones a sí mismo y a sus excesos y maneja la historia con una perfección absoluta.

Las secuencias de acción son francamente espectaculares, sin llegar a saturar (aprende, Michael Bay), y el ritmo de la cinta en general es sencillamente arrollador, especialmente en su sensacional primera media hora. La trama es algo convulsa y difícil de seguir, pero al final acaba atando todos los cabos de manera plenamente satisfactoria. Introduce además con mucha inteligencia elementos ocultistas y masónicos (aprende, Ron Howard), que casan muy bien con las obsesiones de Conan Doyle.
Robert Downey Jr. y Jude Law, por su parte, no desentonan para nada con el más que buen tono general de la cinta. Downey Jr. encarna a Sherlock con una socarronería parecida a la que utilizó cuando hizo de Tony Stark en Iron man, pero introduciendo una infinidad más de matices. Ha sido nominado al Globo de Oro y no sería demasiado de extrañar que estuviese entre los finalistas en los Oscar. Y Law ofrece su mejor versión desde Inteligencia Artificial. Rachel McAdams y Mark Strong también bordan sus papeles de femme fatale y de villano de turno, respectivamente. La banda sonora de Hans Zimmer, moderna, impetuosa y a la vez fiel al espíritu victoriano, está asimismo entre lo mejor del año. Ídem se puede decir de la fotografía de Philippe Rou­sse­lot y del diseño de producción orquestado por Sarah Greenwood, recreando el Lon­dres de 1890 de una manera muy atractiva y en ocasiones hiperrealista.

La película, de una manera muy similar a Batman begins, concluye con una alusión clara a uno de los personajes más icónicos que aparece en los libros, dando a entender que una secuela está más que en consideración. Desde aquí la recibiremos con los brazos abiertos.

Reseña Panorama
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