Shirley [6'5]

 

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Una pequeña e interesante “rareza cinematográfica” que gustará especialmente a quienes disfruten de la pintura de Hopper y conozcan al autor

    Dirección, guion, montaje: Gustav Deutsch. Música: Christian Fennesz, David Sylvian. Fotografía: Jerzy Palacz. Intérpretes: Stephanie Cumming, Christoph Bach, Florentin Groll, Elfriede Irral. Duración: 93 min. Distribuidora: Karma Público adecuado: + 16 años (S)

Austria, 2013. Estreno en España: 8 Agosto 2014.

Edward Hopper en 13 fotogramas

Hace un par de años, el Museo Thyssen presentaba una magnífica exposición sobre Edward Hopper y el cine. Que fuera mes de agosto no impidió que la muestra se llenara cada día de visitantes que, además de admirar las sugerentes pinceladas del artista americano, podían ver la influencia que Hooper tuvo en el mundo del cine a través de un ciclo de títulos de directores como Hitchcock, Malick, Wenders o Kaurismäki.

Viene a cuento esta exposición porque si estas películas dejaban clara la relación de Hopper con el cine, en Shirley directamente vemos convertidos los cuadros del pintor en fotogramas. La película recorre la vida de una mujer que protagoniza 13 famosas pinturas de Hopper.

Más que hablar de una película podemos calificar Shirley de curioso experimento que, a partir de los citados cuadros, recorre por una parte algunos acontecimientos del siglo XX en América –que va narrando una voz en off que introduce cada capítulo- mientras juega a imaginar la historia que puede haber detrás de cada pintura.

Lo mejor, sin duda, es la reconstrucción de cada uno de los cuadros. En este sentido, la película es una maravilla porque los cuadros de Hopper lo son y porque su traducción en términos de planificación, color e iluminación ayudan a entender por qué la pintura de Hopper y el séptimo arte forman un matrimonio  bien avenido.

En cuanto al argumento, la película es muy limitada y solo en algunos cuadros (Cine o Mujer en la ventana) la trama adquiere interés. En cualquier caso, hay que avisar que estamos ante un producto para un público muy minoritario. Su ritmo parsimonioso –el mismo que exige la contemplación de un cuadro- puede desesperar a más de uno. Lo dicho, una pequeña e interesante “rareza cinematográfica” que gustará especialmente a quienes disfruten de la pintura de Hopper y conozcan al autor.  

Ana Sánchez de la Nieta