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Si no nosotros, ¿quién?

Se nota que Veiel fue psicólogo antes que cineasta. Adopta la posición de terapeuta y ahonda en el marco político-histórico y sociológico, y en las fortalezas y debilidades de los protagonistas. *** ½

Wer wenn nicht wir, 2011 País: Alemania Dirección y Guión: Andres Veiel Fotografía: Judith Kaufmann Montaje: Hansjörg Weissbrich Música: Annette Focks Intérpretes: August Diehl, Lena Lauzemis, Alexander Feling, Thomas Thieme, Imogen Kogge, Michael Wittenbprn 124 m. +18 años (violencia incidental, sexo crudo) Distribuidora: Golem Estreno: 25.11.2011

Terrorismo al diván

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El documentalista alemán Andres Veiel afron­ta en su primer largometraje uno de los episodios más sangrantes de la historia re­ciente de Alemania: el nacimiento, desa­rro­llo y fin de la banda terrorista Baader Mein­hof duran­te los años 60.

El RAF ya había sido llevado al cine en va­rias ocasiones (Marianne and Juliane y RAF: Facción del Ejército Rojo). Sobre la expe­riencia de un documental anterior, Black box BRD, Veiel aborda estos sucesos desde la ambivalencia del comportamiento humano que aprendió de Kieslowski, colocando el foco en los motivos más que en los hechos en sí.

El relato cubre diez años de la historia de la banda. Todo se centra en la narración orde­nada de la vida de sus protagonistas, Bernward Vesper y su compañera de universi­dad Gudrun Ensslin. Su apasionada historia de amor, la asfixiante atmósfera de la Ale­mania Occidental de provincias, su modo de cuestionarse el pasado de sus padres duran­te el Tercer Reich, la fe en el poder de la pa­labra que les lleva a fundar una editorial. Y, sobre todo, el compromiso de Gudrun con la causa de Andreas Baader y las conse­cuencias que ese giro tuvo en su vida per­sonal.

Se nota que Veiel fue psicólogo antes que cineasta. En el film que ha escrito y diri­gido adopta la posición de terapeuta y ahon­da en el marco político-histórico y socio­lógico, y en las fortalezas y debilidades de carácter de Bernward, Gudrun y Andreas, in­cluyendo un retrato (quizás excesivo tratán­dose de personajes reales) del desmadre se­xual que practican y de su adicción a las dro­gas.
Veiel, que ha hecho una cuidada ambien­tación de época, quiere dejar claro el entorno permisivo de aquella etapa marcada por el propio eslogan que titula la pelícu­la, pe­ro parece olvidar que el espectador pue­de ser inteligente y no necesitar que le den un ma­pa y una brújula para llegar a don­de el realizador le quiere llevar.

En un reparto muy entonado destaca Lena Lauzemis encarnando a Gudrun, presen­tada como nueva Medea que, con acierto o error, ofrece lo que más ama por una cau­sa que entiende superior. Un personaje fuer­te y débil a la vez, marcado por la trage­dia.

Las imágenes de archivo cumplen su función. Sobre todo, fragmentos de Loin de Viet­nam, de Chris Marker, uno de los maes­tros del cine experimental, que muestra algunas de las razones que nutrieron el an­tiimperialismo americano de aquellos jóve­nes. La descripción frívola que hace un avia­dor del efecto de los bombardeos en la po­blación, recuerda a las palabras de Orson We­lles en El tercer hombre: “¿Sentirías com­pasión por alguno de esos puntitos negros si dejara de moverse?”.
Veiel es consciente de que esta forma de ba­jar a las calderas de la personalidad huma­na y ofrecer datos históricos precisos sin juz­gar es como andar por la cuerda floja. Ha corrido el riesgo y le ha salido bien. La pe­lícula es una desasosegante y cruda sesión de psicoterapia que nos interroga sobre el presente y el futuro del mundo. ¿Po­de­mos seguir así?, ¿debemos reaccionar?, ¿es útil el recurso a la violencia?, ¿es soste­ni­ble este modelo de democracia?, ¿cuándo y cómo decir ‘basta’?

Cristina Abad


Cristina Abad
Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla