Siete almas: Fuegos artificiales

Siete almas | Hace dos años el actor Will Smith y el realizador italiano Gabriel Muccino (Historia de un beso) consiguieron conmover al público con un emotivo drama de superación personal. Además, En busca de la felicidad dio a Smith la posibilidad de aspirar por segunda vez, y después de Alí, al Oscar a mejor actor.

En Siete almas, el tándem MuccinoSmith repite la fórmula con menor fortuna. La película tiene un problema serio porque su gran baza acaba siendo una trampa. Muccino consigue mantener la intriga durante todo el metraje apoyándose en un montaje fragmentado del responsable de Crash, Hughes Winborne, que ha repetido fórmula. Las correctas interpretaciones, una sólida producción y un calculado buen ritmo llevan de la mano a un espectador que agradece que eso que le están contando -y que no sabe muy bien qué es- se lo estén contando tan bien. Hasta aquí perfecto.

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El problema aparece cuando el espectador descubre que este montaje de altos vuelos, esta correctísima producción, este buscar tenazmente la empatía están al servicio de una historia tan llena de buenas intenciones como inverosímil, artificial y, en el fondo, simple.

Sinopsis

Ben Thomas (Smith), inspector de Hacienda de la ciudad de Los Angeles, entra en contacto con algunas personas para ayudarlas, aunque no se sabe muy bien por qué. Cuando conoce a Emily Posa (Rosario Dawson), una joven enferma investigada por Hacienda y empieza a sentirse atraído por ella, sus misteriosos planes se tambalean.

Ficha Técnica

  • EE.UU. (Seven Pounds, 2008)
  • Philippe Le Sourd
  • Hugues Winborne
  • Angelo Milli
  • Sony
  • 123 minutos
  • Jóvenes-adultos
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