Sing Street: Happy sad movie

· Carney mantiene los pies en el suelo. No se le ha subido a la cabeza el éxito de Begin Again, tampoco que los poderosos hermanos Weinstein sean los productores ejecutivos.

En la excelente Once (2007), el dublinés de 44 años John Carney manejó el ingenioso formato película-álbum con unos sensacionales Glen Hansard y Marketa Irglova en una cinta hecha con unos pocos euros, que movieron por todo el mundo de una manera inteligente (y suponemos que agotadora para los protagonistas).

En la notable Begin Again (2013), logró una película con lazo indie, construida con recursos de gran frescura como el registro callejero de actuaciones de un grupo en lanzamiento. El resultado final fue un fresco, tierno y divertido relato de maduración a tres bandas que funcionó como un reloj: chica gorrión (Keira Knightley, actriz con tirón ya consagrada en Hollywood) con mucho talento enamorada de un chico vistoso (el cantante Adam Levine) que quiere ser una estrella de la canción; entre ellos, como bisagra, un personaje brillantemente escrito que hace que la cinta crezca exponencialmente: el maduro y desalentado productor musical de vuelta de casi todo, que interpreta con su habitual carisma ese robaplanos consumado llamado Mark Ruffalo.

Sing Street impacta nuevamente en el centro de la diana. Tiene encanto, mucho encanto, esta ochentera película happy sad, como adjetiva la vida uno de los personajes en un divertido diálogo. El talento de Carney, director y guionista, para contar historias musicales es patente. Nótese que no he escrito películas con música o musicales. Historia musical que se va hilando con temas de The Clash, A-Ha, The Cure, Duran Duran, Genesis, Spandau Ballet, The Jam, Motörhead…

Carney mantiene los pies en el suelo. No se le ha subido a la cabeza el éxito de Begin Again, tampoco que los poderosos hermanos Weinstein sean los productores ejecutivos. Carney sigue a lo suyo: personajes muy bien construidos (el hermano del protagonista, los compañeros de banda, el matón, por supuesto Conor, el protagonista), diálogos brillantes que suenan muy naturales, conflictos y tramas que no quieren inventar la pólvora pero que funcionan francamente bien, aunque bordeen la caricatura más de una vez (los padres, los abusones y los curas del cole, etc.).

La dedicatoria final es muy expresiva. To Brothers Everywhere. Sing Street es más película de lo que parece: un gran relato vital, social, familiar, de padres, de hijos, de amigos, de colegios de curas donde las cosas no siempre se hicieron bien, de Dublín y de Dalkey, de canciones y guitarras, de Inglaterra como quimera. Y del amor. De ese amor primero happy sad que hace que cuando miras a la persona amada entren ganas de llorar.

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(no quiero ser pedante, pero la película tiene un irlandés muy divertido. En la versión doblada, se pierde el acento de los personajes, que en muchos momentos es clave)

Ficha Técnica

  • Fotografía: Yaron Orbach
  • Montaje: Andrew Marcus, Julian Ulrichs
  • Música: Gary Clark, J. Carney
  • Duración: 105 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: Vértigo
  • EE.UU., Irlanda, Reino Unido, 2016
  • Estreno: 30.9.2016
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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor