· Sombra tiene un arranque lento, conversaciones en la corte, algunos planos están inspirados en Kurosawa, no en vano el tratamiento de la historia recuerda a sus versiones de Shakespeare.

Yimou y su nuevo poema visual

El veterano Zhang Yimou, director de Sorgo rojo, de Vivir, de La casa de las dagas voladoras y de un largo etcétera, casi todo excelente, presenta ahora su particular versión de uno de los temas clásicos en la literatura y cinematografía chinas: la toma de la ciudad de Jing. Estamos en el siglo III antes de Cristo, en la fase más aguda del periodo de los reinos combatientes, antes de la unificación de China realizada por el primer emperador. El joven rey Pei Liang es débil y quiere preservar la paz a toda costa, mientras que su general en jefe, el comandante Zhou, está decidido a recuperar Jing por todos los medios. La corte está llena de espías, aduladores, consejeros y maniobrar en ella es peligroso. Zhou, herido de gravedad, se ha hecho sustituir por una sombra, un doble perfecto que ha conseguido engañar a amigos y enemigos igualmente. Desafiando el querer real, la sombra ha retado al gobernador de Jing a un combate singular de cuyo resultado depende el futuro del reino.

El último trabajo de Yimou, La gran muralla, fue una decepción, pero un espectáculo visual fascinante, un balet lleno de color y fuerza; lástima que la historia no estuviera a la altura del resto. En el caso presente Yimou hace doblete; maneja con habilidad, a base de silencios, sobreentendidos y alusiones, una compleja historia de intrigas; y mantiene un estilo visual extraordinario, sin repetir lo conseguido anteriormente.

La película tiene un arranque lento, conversaciones en la corte, algunos planos están inspirados en Kurosawa, no en vano el tratamiento de la historia recuerda a sus versiones de Shakespeare. Las intrigas palaciegas de Ran y de Trono de sangre, por no mencionar la historia del doble de Kagemusha, el doble del general en jefe. Yimou maneja diversas tramas a la vez; la historia China y el asedio a Jing; la historia del comandante, que tiene diversas prolongaciones, su genio y su devoción a su reino, su mujer y su doble; la historia del joven rey, inmaduro y débil, y la de su hermana, que parece más competente que él, aunque no tiene voto; y el tiempo que se agota, y la sombra muestra que tiene personalidad propia y no solo refleja la de su maestro.

Con todos esos elementos, la película avanza a ritmo de balet, especialidad de Zhang Yimou, desde las llegadas a la corte, los recitales de cítara -importantes-, los entrenamientos para el combate, los combates y batallas todos ellos coreografiados con primor y con la originalidad que siempre muestra este director, en este caso con pocos figurantes y pocos colores, pero con el mismo empaque de siempre.

Pocos colores, porque Yimou ha realizado una película que parece, solo parece, realizada en blanco y negro: abundan las sombras -no es un juego de palabras-, la noche, la paleta fría y descolorida; por ello, cuando se plasma el color se valora mucho más.

Todo es metáfora en esta película, el Yin y el Yang resuenan continuamente: el rey y su hermana -lo femenino es fundamental en esta película-, el comandante y su sombra; el bien y el mal; la lealtad y la traición; la verdad y la mentira; y aún así, Yimou es capaz de señalar un camino adecuado de salida. Un logro y un poema.