Sombras tenebrosas

Burton versiona una serie de los años setenta con empeño visual pero con una historia raquítica

Dark shadows, 2012 País: EE.UU. Dirección: Tim Burton Guión: Seth Grahame-Smith Fotografía: Bruno Delbonnel Montaje: Chris Lebenzon Música: Danny Elfman Intérpretes: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Chloë Grace Moretz 113 m. +16 años (violencia, sexo) Distribuidora: Warner Estreno: 11.5.2012

Sombras tenebrosas: Los genios también patinan

Lo reconozco. Soy burtoniana hasta la médu­la. Me siento siempre en el cine con buenas ex­pectativas… por eso, encontrarme con Som­bras tenebrosas ha sido duro.

Burton adapta Sombras tenebrosas, una popular -en EE.UU.- serie setentera que cuenta la venganza del vam­pi­ro Barnabas Collins que, encerrado por una bru­ja despechada en un ataúd, consigue vol­ver a la mansión familiar dos siglos después.

La película arranca con un enérgico y exten­so prólogo que narra el pasado de Collins con su habitual y gótico despliegue visual. De ahí sal­ta al presente de la acción envolviendo el sal­to con un arriesgado y popularísimo tema mu­sical de los 70 para presentarnos -de forma hi­larante- la llegada del vampiro a su pueblo y el reencuentro con su familia. Todo parece discu­rrir bien, al menos para cualquier seguidor me­dio de Burton, pero pronto también se empie­za a notar que la película tiene serios proble­mas de ritmo, que la acción apenas avanza y, lo peor, que no avanza porque apenas hay his­toria.

Burton rellena un tercio de su película con idas y venidas sin sentido, con subtramas tan va­cías como la descascarillada bruja. Y sin histo­ria, los actores se defienden mal. No le perdo­no a Tim Burton que haya dejado a su prota­gonista compaginar su exaltada -como siempre- y trágica -como casi siempre- historia de amor con una zafia y grotesca aventura. Como si en vez de una película de Burton estuviéramos viendo una mala serie americana de enredos. No es su cine… aunque se le parezca. Y no por lo zafio y grotesco, que el director de Burbank tiene ese punto, sino porque en su ci­ne las historias de amor se cuentan de otra forma. A pesar de todo, iré encantada a su próxima película. Un patinazo lo tiene cualquiera. Ge­nios incluidos.