Some Voices

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Director: Simon Cellan Jones Guión: Joe Penhall Fotografía: David Odd Montaje: Ellen Pierce Intérpretes: David Craig, David Morrissey, Kelly Macdonald Distribuidora: Alta Films

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Gran Bretaña 2000. Estreno en España 11 de abril de 2003.

La alteración de pensamiento y de percepción, las ideas delirantes, las alucinaciones auditivas y visuales… En definitiva, la extravagancia sensorial es un filón de nuevas posibilidades cinematográficas y un reto para cualquier director que pretenda visualizarlo, sobre todo si este trabajo no es fruto de la paranoia creativa, sino de un intento de plasmar la naturaleza de la esquizofrenia.

Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001) o Trece campanadas (Xavier Villaverde, 2003) son algunos de los últimos títulos que intentan recrear esta enfermedad desde el punto de vista de un afectado. Ahora es el turno de Some voices y Ray, su protagonista esquizofrénico.

Desde los primeros minutos del film, la historia transcurre entre la sencillez argumental y la sobriedad británica con un marcado espíritu independiente. Ray, un hombre joven y vital, regresa a casa con su hermano después de haber estado en tratamiento psiquiátrico para retomar su vida. El personaje al que interpreta David Craig (por el que recibió un British Independent Film Award) entra en un conflicto personal cuando decide tomar las riendas de su vida olvidándose de la medicación. Ray se convierte en una marioneta a manos de la enfermedad que transforma el mundo que le rodea en mensajes y señales que relucen en un Londres húmedo y grisáceo.

Las visiones de la mente de Ray se materializan fílmicamente en consonancia con su personalidad infantil y despreocupada. Jones aprovecha esta oportunidad para planificar escenas donde la estética nos llega en primer plano. A esta poética que engrandece el film, se suman los elementos simbólicos y la delicadeza con que son filmadas muchas secuencias, sobre todo, aquellas entre Laura y Ray.

En su primer largometraje, Simon Cellan Jones se enfrenta con respeto y mucha intuición a personajes desgraciados que intentan sobrevivir. Lejos de convertirlo en un melodrama, el director se contagia de la energía y la ingenuidad que desprende Ray para abrir la puerta de la esperanza. Una fotografía cuidada y una música efectiva contribuyen al logro de una obra sincera, honesta y llena de sentimiento.

Laura G. Pousa