Soul Surfer: Surfea Bethany, surfea

Bethany Hamilton nació para estar en el agua, eso le dijeron y eso creyó toda la vida. Hawaiana e hija de surferos, apenas levantaba un palmo cuando se subió por primera vez a una tabla de surf. A los 13 años se disponía a competir por el título nacional, pero antes de poder hacerlo un tiburón le arrebató un brazo. Estuvo a punto de morir, pero poco después volvía a cabalgar las olas a bordo de una tabla. La historia emocionó y conquistó al público. En 2007 el documental Heart of a Soul Surfer contó su historia. La película de Sean McNamara dramatiza estos hechos.

El cine de Hollywood tiene varias especialidades ante las que hay que descubrirse; el western ha sido una de ellas, otra sería la historia de superación. No cabe duda de que ese país adora la competición y los ganadores, y no hay nada que les guste más que un luchador que no se rinde, y más si la historia es real -o se inspira en una historia real-, ya sea un hombre (Rocky), una mujer (Alexis Winston en Castillos de hielo), o un animal (Seabiscuit); el perdedor (The Cincinati Kid) suele ser un modelo a evitar, exceso de ambición… mal rollo.

El caso de Bethany Hamilton es modélico: una guapa adolescente que iba camino de convertirse en campeona mundial de surf pero que sufrió el más cruel accidente. El primer logro fue sobrevivir, el médico que la operó dice a sus padres «es un milagro andante», pero además a los pocos días ya estaba en pie sobre una tabla, y poco después volvía a competir, y aunque no ganó, no se desanimó y volvió a intentarlo. Mientras tanto dedicó su tiempo y su fama a ayudar a otros, como los damnificados del tsunami en Tailandia, o jóvenes deprimidos tras un accidente.

La historia de Bethany es potente, interesantísima de por sí y por ello la película funciona, aunque la realización, en mi opinión, se queda corta; Sean McNamara, clásico director de televisión para el canal Disney, sigue todas las convenciones del género, pero le falta garra o grandeza; tiene el tono fácil de aquella cadena televisiva. La niña es encantadora y su familia, adorable; las competiciones de surf son muy vistosas; el accidente es poco dramático. La historia, que es dura, evita sistemáticamente la dureza.

La familia es lo más importante y la relación de los cinco miembros es la parte más lograda de la historia, los actores forman un conjunto creíble; son naturales y positivos, aunque algunos digan que parecen demasiado buenos para ser auténticos. También es evidente que el guión de McNamara sigue muy de cerca el documental, que está narrado, paso a paso, por los Hamilton, que no dan especial importancia al accidente, y que subrayan el aspecto moral del caso: en el documental se ve a Bethany decir «lo considero [el accidente y la pérdida del brazo] como una oportunidad para compartir mi fe y mi historia». En esta película a parte de ver a Bethany y a los suyos bendecir la mesa, o dirigirse al cielo en caso de necesidad, el aspecto más religioso queda en manos de Sarah, mentora espiritual de Bethany -sin mostrar una confesión concreta-, a la que acude cuando está moralmente hundida tras la operación, y a la que acompañará en misión solidaria a Tailandia. «Algo bueno saldrá de esto aunque ahora no lo entendamos», dice.

Sin duda se podría haber hecho un guión que combinara las cualidades familiares, religiosas y épicas que tiene la historia; McNamara no lo ha hecho, se ha conformado con una película correcta, ciertamente conmovedora, pero no grande. Las imágenes más impactantes vienen al final, son imágenes reales, del archivo familiar, y muestran la misma historia, más dura y más potente que la ficción. Por cierto, el doble de Anna Sophia Robb sobre las olas fue la propia Bethany Hamilton.

▲ La historia original de Bethany.

▼ El tono simplista que tiene toda la narración.

Ficha Técnica

  • Fotografía: John R. Leonetti
  • Montaje: Jeff Canavan
  • Duración: 106 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: Buena Vista
  • EE.UU., 2011
  • Estreno: 20.4.2012
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.