Spartan: Mamet en horas bajas

¿Qué le pasa a David Mamet? Es la gran pregunta que se hacen muchos buenos aficionados, que han disfrutado en las últimas décadas con la aventura cinematográfica de este prestigioso dramaturgo y ensayista estadounidense, Premio Pulitzer en 1984 por Glengarry Glen Ross. Una aventura que ha generado guiones de la calidad de Los intocables de Elliot Ness o La cortina de humo, y películas de la talla de El caso Winslow o State and Main. Sin embargo, acumula ahora dos patinazos seguidos: El último golpe, fallida actualización del cine negro clásico, y Spartan, convencional aventura policiaca con ribetes políticos, libremente inspirada en un libro de un ex miembro de la Delta Force.

Los ribetes políticos los pone la rebelde hija universitaria del presidente de Estados Unidos, que es secuestrada por un grupo mafioso árabe que se dedica a la trata de blancas y que no sabe quién es ella. Y la convencional aventura la viven Robert, un eficaz oficial de operaciones especiales, y su novato compañero Curtis, que acaba de salir de la academia. Como no podía ser menos, la CIA y el FBI rondan por ahí complicando las cosas.

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Cierto que Mamet es Mamet, de modo que varios de sus diálogos son muy buenos, su dirección de actores es impecable -hace tiempo que Val Kilmer no estaba tan matizado- y su puesta en escena tiene personalidad. Pero esto último es más virtud de la excelente fotografía del español Juan Ruiz Anchía, y está siempre muy por encima del guión, nada original -ni siquiera en su tono vulgar y violento-, poco ágil, algo confuso y tramposo en sus sorpresas.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Juan Ruiz Anchía
  • Montaje: Barbara Tulliver
  • Música: Mark Isham
  • País: EE.UU./Alemania
  • Año:  2005
  • Distribuidora: TriPictures
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Reseña
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Jerónimo José Martín
Presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos. Profesor Historia del Cine Animación