Spider-Man

Raimi ha acertado al trasladar del papel a la pantalla, la vivacidad de una historia, que es la más lograda de la galería de superhéroes en solitario de la factoría Marvel

Tobey Maguire como Spider-Man
Tobey Maguire como Spider-Man

Spider-Man: Una telaraña resistente

Spider-Man | No es la primera vez que el cine se acerca al mundo del cómic. Ni será la última, porque resulta evidente que en tiempos de carestía de buenos guiones originales no es sensato despreciar los filones temáticos que albergan los subterráneos del tebeo. Además, se cuenta -de entrada- con el interés de un considerable número de lectores, que casi con seguridad pasarán por taquilla, aunque después despotriquen…

Después de los aciertos y de los errores de Singer en X Men -está al llegar la nueva entrega- hay algo que salta a la vista en Spiderman, y es la inteligente lectura que ha hecho el guionista David Koepp del cómic escrito por Stan Lee y dibujado por DitkoKoepp (La habitación del pánico, Mission: Impossible, Parque Jurásico, Atrapado por su pasado, The paper) ha acertado al trasladar del papel a la pantalla, la vivacidad de una historia, que -a mi gusto- es la más lograda de la galería de superhéroes en solitario de la factoría Marvel. Se sirve de unos diálogos magníficos, fieles al tono de las viñetas, en las que el Trepamuros y su alter ego, Parker, rezuman gracejo y desenvoltura.

Sam Raimi, (Un plan sencillo, Darkman), demuestra oficio y da con el tono adecuado, al que contribuyen la fotografía de Burguess (Forrest Gump) y la música de Elfman (Mars Attacks). Un arranque medido, sin prisas ni demoras, nos mete en la historia de un chico normal y tirando a bajito que toma conciencia de que tiene superpoderes. Las secuencias de acción son espectaculares en su deliberada sencillez, y tienen una gran ventaja: la de ser perceptibles (estoy un poco harto de tanta imaginería confusa e hiperacelerada imposible para el ojo humano). El ritmo que se elige para la narración permite que los personajes evolucionen, esquivando un defecto habitual de las adaptaciones de cómic. La película de Raimi debe mucho a un acertado casting. Maguire borda al patoso enamorado Parker, que se vuelve seguro y chulo cuando se enfunda la máscara. Dunst, con esa hermosura sanota y campesina recién lavada, encarna el cliché del tebeo, desenvuelta y dinámica, romántica y soñadora. Simmons está sencillamente genial en su caracterización del huraño y tacaño J. Jonah Jameson, el director-negrero del Daily Bugle. Y Dafoe se aprovecha de ese careto tan interesante e inquietante que Dios le ha dado para hacer un sólido Norman Osborn (Raimi le regala una buena secuencia utilizando un espejo).

Spiderman, después de una impresionante y costosa (56 millones de euros) campaña promocional, arrasa en taquilla y se gana a la crítica estadounidense. No me extraña. Cuando ustedes vean ese aéreo y glorioso Nueva York, con el Hombre Araña apareciendo por el fondo de la calle, vibrará su sentido cinematográfico, y quedarán atrapados en la red que teje esta notable cinta de aventuras, muy fiel al cómic original.


Spider-Man

Director: Sam Raimi Guión: David Koepp Fotografía: Don Burgess Música: Daniel Elfman Montaje: A. Coburn y B. Murawski Dirección artística: Neil Spisak  Intérpretes: Tobey Maguire, Kirsten Dunst, Willem Dafoe.

EEUU 2002. Estreno en España  21 de junio de 2002.