Spirit

Dirección: Kelly Asbury, Lorna Cook Guión: John Fusco Edición: Nick Fletcher Música: Hans Zimmer Canciones: Bryan Adams

EE.UU., 2008

Una apuesta por lo tradicional

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DreamWorks ha venido optando por un público preferentemente adulto en sus películas de animación, desde la primeriza Antz (1998), que narraba las neurosis de una hormiga con los rasgos y la voz de Woody Allen, hasta la jocosa y parabólica Shrek, primera película de animación que optó a la Palma de Oro en la historia del Festival de Cannes. Spirit supone un cambio de criterio.

Mientras que Shrek fue diseñado completamente en ordenador, con Spirit, DreamWorks vuelve de algún modo a la animación tradicional, mezclando elementos 2D y 3D de un modo que pasa inadvertido para el espectador, sin la ostentación de efectos especiales que adquieren exceso de protagonismo en recientes títulos.

Más sorprendente que el cambio de técnica resulta, después del tono gamberro de Shrek, el carácter épico-tradicional de Spirit: un western animal, protagonizado por un mustang, que pasa -a la fuerza- de la vida salvaje al régimen doméstico. En ocasiones el patetismo, raya el kitsch, y la decisión de los productores de que el caballo no hable, sino que se exponga su pensamiento a través de un narrador (Matt Damon, en el original), es discutible. DreamWorks ha optado por temas universales de fácil asunción por parte de los niños: libertad, respeto a la vida, amor a la naturaleza, aprecio por la familia, sacrificio. Los mayores podemos poner pegas a estos planteamientos, opciones argumentales, tramas y diseños de personajes. Los niños, que abarrotaban el pase al que asistí, no hicieron ascos y se lo pasaron en grande. Buen dato para el crítico y aviso para navegantes.

José M. García Pelegrín