St. Vincent [7]

0
1130

Theodor Melfi, director y guionista, logra meritoriamente que la película no se convierta en una comedia fácil, absurda o sensiblera

 Director: Theodore Melfi Guión: Theodore Melfi Música: Theodore Shapiro Fotografía: John Lindley Montaje:  Sarah Flack,  Peter Teschner Intérpretes: Bill Murray, Jaeden Lieberher, Melissa McCarthy, Naomi Watts, Terrence Howard, Chris O’Dowd, Selenis Leyva, Katharina Damm Duración: 102 min Distribuidora: eOne Público adecuada: +16 años (X-D)

St. Vincent, EE.UU. Estreno en España: 12/12/2014

No juzguéis

Unas breves pinceladas dan una imagen precisa de Vincent: jubilado solitario, cascarrabias, bebedor, fumador y jugador; además, mantiene una relación con una prostituta -mostrada de forma breve y poco explícita-, su casa es una pocilga, tiene deudas, etc. La historia comienza con la llegada de nuevos vecinos: Maggie, obesa enfermera recién divorciada, y su hijo Oliver, de doce años. Como Maggie debe hacer horas extras y apenas está en casa, Vincent acabará haciendo de babysitter del chico -¡y de qué manera!-, unas horas cada día, y cobrando por ello.

El “san” del título viene de un trabajo de clase que tienen que hacer Oliver y sus condiscípulos de la Saint Patrick School, una escuela católica. El primer día de clase el hermano Geraghty, inmune al desaliento y a sus desnortados alumnos, explica a Oliver que no debe preocuparse por ser judío, ya que en su clase hay baptistas, budistas, metodistas, ateos y una mayoría de agnósticos, “la religión que más crece en estos días”. El profesor descubre a los alumnos las cualidades de los santos, les invita a descubrir en su entorno a alguien que se dedique a los demás, sea generoso, … alguien que se podría llamar santo.

St. Vincent es el primer largometraje de Theodore Melfi que ha escrito el guión. La historia no es una nueva versión del viejo cascarrabias suavizado gracias al generoso corazón de un niño; sino cómo la mirada del chico le permite descubrir quién es Vincent de verdad, un hombre que se ha de enfrentar a diversos personajes con el grito “¿qué sabe usted de mí?”; es decir, ¿quién es usted para juzgarme? Grito que es válido también para el público que ya ha puesto varias etiquetas al bueno de Vincent; tal vez se las merece, pero no cabe duda de que es mucho más que eso.

La película tiene el ropaje de una comedia ligeramente disparatada y amable que hace las preguntas oportunas sobre la familia, sobre la pérdida del sentido religioso y trascendente de la vida, sobre modelos de conducta, pues eso son, en definitiva, los santos de la historia, o los que encuentran los chicos en su entorno.

Recuerda a Little Miss Sunshine por su grito a favor del sentido común disfrazado de situaciones disparatadas; y también por evitar la sensiblería. Hay que descubrirse ante el pulso que ha demostrado Melfi, evitando los numerosos escollos que surgían a su paso, hacia la comedia fácil, o absurda, o sensiblera . Ni se burla de la religión, aunque no prefiera ninguna -constata con pena la ignorancia generalizada al respecto-, ni  justifica o se complace en los vicios de Vincent. También hay que reconocer que ha contado con la ayuda de Bill Murray, para quien parece escrito este guión, y luego el niño, Jaeden Lieberther, un auténtico descubrimiento.

Fernando Gil-Delgado

Compartir
Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.