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Star Wars Episodio II: El ataque de los clones

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País: EE. UU. Dirección: George Lucas Guión: George Lucas y Jonathan Hales Fotografía: David Tattersall Montaje: Ben BurttMúsica:  John Williams Diseño producción: Gavin Bocquet Efectos especiales: Nick Dudman Dirección artística: Phil Harvey y Jonathan Lee Intérpretes: Ewan McGregor, Natalie Portman,Hayden Christensen, Christopher Lee, Samuel L. JacksonPresupuesto: 120 millones de dólares Localizaciones: Sidney (Australia), Como y Caserta (Italia), Hertfordshire (Inglaterra), Sevilla y Túnez.

Estreno EE.UU.: 2002

Hasta luego, Lucas

Vaya por delante -por sí- que me gusta el buen cine de aventuras y que no tengo nada contra la ciencia-ficción. Siendo magnífica La guerra de las galaxias, El imperio contraataca me parece la película más valiosa de la saga.

El guión es de Kasdan, y vaya si se nota. Como también se nota que no la dirigió Lucas. Los defectos incoados en El retorno del Jedi (infantilismo, muñequeo, tono meloso, extravío de la historia en la floresta tecnológica, falta de naturalidad) llegaron al paroxismo en La amenaza fantasma, y ahora se mitigan en El ataque de los clones, rebosante de referencias a la trilogía posterior (en el tiempo ficticio), para complacencia de los mitómanos. Lucas sabe un rato de maquetas, trajes chulísimos, bichos, efectos especiales y tecnología audiovisual, pero de escribir y contar historias sabe poco y de dirigirlas menos, por no decir nada. El hombre lo ha intentado, la verdad, aunque a su manera (no les parece de chiste, que Lucasdeclare que para enriquecer el guión pidió ayuda… ¡¡¡ al encargado de la serie de TV El Joven Indiana Jones!!!): ha relegado al Orejón verborreico, ha intentado contar la historia de amor que pedía a gritos SWI, ha contenido a sus muchachos de posproducción para que no convirtieran las galaxias en un gigantesco display de Nintendo-Gameboy, ha rescatado la brújula épica del Jedismo del esoterismo naturista del capítulo anterior. Pero la cosa no funciona.

Los actores no salen de su desconcierto y salvo MacGregor -a ratos- están más perdidos que un ultrasur en el campeonato del mundo de ajedrez. Como si fuese poco reto el de trabajar delante de una pantalla azul, Lucas ha optado por un montaje frustrante, de semáforo en ámbar, que esteriliza cualquier emoción incoada. No hay modo humano de entrar en calor, porque la película se despliega como un catálogo de postales, digitalmente resultonas sí, pero rígidas como una foto de posado de parque, encima de un caballo de cartón.

Una lástima porque la historia (el amor imposible entre Anakin y Padmé) no estaba del todo mal, la Portman es guapetona cantidad, y la Plaza de España sale mu bonita. Un colega entusiasmado dice que «para ver esta película y disfrutarla hay que resetear el disco duro». Lo siento, mi mami no me deja, no vaya a ser que el disco se me quede blando. Además, sin darle al reset, disfruté horrores con Monstruos S.A.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor