Stella

Emotiva crónica con tintes autobiográficos, la última película de Sylvie Verheyde combina con sabiduría desgarro y ternura. ****

STELLA, 2008 País: Francia Dirección y Guión: Sylvie Verheyde Fotografía: Nicolas Gaurin Montaje: Christel Dewynter Música: Nous Deux The Band Intérpretes: Léora Barbara, Karole Rocher, Benjamin Biolay, Laëtitia Guerard, Melissa Rodrigues, Guillaume Depardieu 103 m. +16 años (temática, sexo incidental) Distribuidora: Good Films Estreno: 8.9.2011

Juguetes rotos

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Stella nos invita a entrar en la vida cotidia­na de una niña de once años que vive en un barrio popular de París y asiste al colegio sin ningún interés particular. Su vida bas­cula entre dos universos tan dispares co­mo antagónicos: el del bar que regentan sus padres y una escuela en la que no consi­gue encajar y en la que se siente empeque­ñecida, humillada.

Sylvie Verheyde consigue con su tercera pe­lícula su entrada en el circuito de exhibición español. Con un relato emotivo, doloro­so y profundamente hermoso, Stella está mar­cada por la propia biografía de la directo­ra y guionista, algo que en principio podría ser un inconveniente pero que Ver­hey­de solventa con soltura desde el inicio de su relato.

Su historia se construye a partir de tres ver­tientes narrativas: la de la vida familiar de la pequeña, la de su enseñanza reglada y la de sus ensoñaciones personales. En es­te último aspecto, el largometraje nos hace re­cordar las fantasías pergeñadas por la pro­tagonista de la película independiente Precious, de Lee Daniels, aunque aquí la ima­ginación de Stella le lleva a territorios me­nos glamurosos pero más en conexión con sus anhelos inmediatos.

De forma inteligente, la cineasta usa la pla­nificación para dotar de un tono y de una emoción diferenciadas a cada uno de sus es­cenarios. Así, el entorno familiar se re­tra­ta con cámara en mano. El plano se acer­ca al personaje para mostrar una emoción concre­ta y se retira cuando es necesario, cuando todo lo que queda por contar ad­quiere más sentido con un fuera de campo o un silen­cio abrupto provocado por un cor­te de mon­taje.

Por su parte, la escuela se perfila en­tre to­nos fríos, entre planos estáticos y me­nos ce­rrados, como metáfora de un escena­rio nuevo que se abre ante Stella pero en el que ella no consigue penetrar.
Sin incurrir en pesimismos baratos ni en los tonos elegíacos que una historia de estas características podría demandar, el largo­metraje más reciente de Sylvie Verheyde es, a la vez, la mostración de un hogar roto y de un entorno adverso para el crecimiento de una niña, y una ventana a un mundo des­conocido, en el que la amistad, la litera­tu­ra y la música proporcionan nuevas y exci­tantes emociones. El retrato de un popular barrio parisino de finales de los años seten­ta permite, a pesar de todo, dejar lugar a un resquicio de esperanza; un sentimiento amenazado por un entorno hostil pero que proporciona pequeñas y gratas oportuni­dades.

Ganadora del premio al mejor guión en el Fes­tival Internacional de Cine de Gijón, Ste­lla supone además el descubrimiento de la ac­triz novel Léora Barbara y el reencuentro con un enorme y tierno Guillaume De­par­dieu (Todas las mañanas del mundo).

Laura Montero Plata


Laura Montero Plata
Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental