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También la lluvia

La cineasta dirige con mano firme una ambiciosa superproducción que merece un Oscar. ****

TAMBIÉN LA LLUVIA, 2010 País: España Dirección: Icíar Bollaín Guión: Paul Laverty Fotografía: Álex Catalán Montaje: Ángel Hernández Zoido Música: Alberto Iglesias Intérpretes: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Aduviri, Karra Elejalde, Carlos Santos 104 m. +16 años Distribuidora: Alta Estreno: 5.1.2011

Bollaín juega en la liga de los grandes

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Un joven director de cine y un curtido pro­ductor se disponen a rodar una película en Bolivia cuando estalla la Guerra del Agua, un conflicto que enfrentó en enero de 2000 a los campesinos de Cochabamba con el ejército, y que amenaza con echar por tierra la superproducción.

Icíar Bollaín, hay que decirlo pronto, ha ro­dado la mejor película española de lo que lle­vamos de siglo. Suena tajante pero es así. Al lado de esta compleja, profunda y con­movedora cinta, el cine de Amenábar se queda en telefilm (incluida la taquillera Ágora).

Sobre el papel, También la lluvia es un pro­yec­to que podría sonar a irrealizable por exce­so de ambición. Hace falta valentía pa­ra lan­zarse a rodar una superproducción, mu­ñeca rusa que contiene dentro tres pelí­cu­las: un interesante film de revisión histó­ri­ca, una su­gerente reflexión metacinema­to­gráfica y un emotivo drama humano de per­sonajes.

El primer premio hay que dárselo al sólido guión de Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach y marido de Icíar Bo­llaín. El libreto roza la perfección, y lo que po­dría haber sido una acumulación de tramas, ideas y personajes se desarrolla en esce­na con la precisión de un reloj suizo. Hay fres­cura, naturalidad, vida, las historias se cru­zan y descruzan, la ficción y la realidad se confunden… pero hay también líneas de diá­logo ejemplares, reflexiones profundas, crí­ticas afiladas y realismo. Un realismo que hu­ye de un planteamiento maniqueo que so­brevuela en la película como amenaza… que no llega a materializarse. Hubiera sido fá­cil caer en el maniqueísmo y hacer una cin­ta de buenos y malos. De indios buenos y europeos malos, o al revés. De cineastas li­berales y curas explotadores, o al contrario. Hubiera sido muy fácil, pero entonces no estaríamos ante una película más que no­table que ya en su cartel (hay algunos que quieren cambiar el mundo, pocos quieren cambiarse a sí mismos) da la clave de que para hablar de la Historia, de la pobreza, de la marginación, del choque cultural o de la conquista no se puede ser simple. La so­lución no está en una receta política, en un leit motiv cool. La respuesta está en ca­da persona. La cosa es más compleja, pero tam­bién mucho más atractiva, y como demues­tra Icíar Bollaín mucho más dramática y cinematográfica.

Bollaín reconocía que un guión así es un re­galo y lo mismo deben pensar los actores, que están sensacionales con unos personajes a los que el guión deja crecer y evolucio­nar. Lo de Tosar no es nada nuevo, pero bor­da su papel de veterano productor por en­cima del bien y del mal. Karra Ejealde da un recital como actor que interpreta a Colón, y Gael García Bernal cumple de sobra como joven director lleno de idealismo y poco más.

La carrera de Icíar Bollaín es una de las más ejemplares del cine español. Cada pelícu­la que rueda es mejor que la anterior. Con ésta aspira al Oscar y sería un premio merecido… mucho más que el obtenido por Ame­nábar.

Ana Sánchez de la Nieta