· Crítica Tenet | Estreno 26 de agosto de 2020.

· Nolan sigue obsesionado con la retrocausalidad y las leyes de la termodinámica. Es lo que hay debajo de esta convencional historia de espías y conspiraciones.

Tenet: El nuevo laberinto de Nolan

SAT ORARE POTEN ET OPERA ROTAS es un criptograma cuadrangular en el que se inserta una cruz griega formada por las letras TENET, un palíndromo como es sabido. El criptograma se ha interpretado como un lema (Energía suficiente para orar y para trabajar el día) que podrían haber tenido los sufridos templarios, los tipos de la Cábala, los alquimistas y los marcianos que hicieron las pirámides tras cuadrar los círculos. No en vano, la inscripción apareció, entre otros sitios, en las ruinas de Pompeya. Tenet es el título de la undécima película de Christopher Nolan, realizador londinense de 50 años que dirigió su primer largo, Following, en 1998. El director de Dunkerque e Interstellar se apunta al trivial mitómano llamando Sator al malo, Rotas a una ciudad, Tenet a…

Nolan (Londres, 1970) trabajó algunas veces con su hermano Jonathan en la escritura de sus guiones y casi siempre con la producción de su esposa, Emma Thomas, con quien coincidió estudiando en el University College London. Se casaron en 1997 y tienen 4 hijos.

Tenet cuenta una historia de espionaje para detener una amenaza que puede provocar el apocalipsis. Y esa historia está más vista que el tebeo: Mision imposible, Bourne, Bond, TerminatorNolan insiste en algo menos visto: la retrocausalidad que permitiría invertir la relación causa-efecto. Es una teoría filosófica que se apoya en una interpretación de las leyes de la termodinámica y en modelos de la física cuántica.

La historia es muy endeble porque tanto el conflicto como los personajes tienen muy poca entidad. Más allá de su habitual uso de cámaras IMAX y del formato 70 mm para registrar la imagen en movimiento con una definición espectacular, Tenet es un caro (250 millones) entretenimiento, cosa muy legítima y comprensible. Pero además tiene la clara pretensión de trascender el cine comercial de género para ser, a la vez, cine de autor, cine ontológico, ése al que le importa más el ser que el hacer. El problema de Tenet para ser cine ontológico es que, para ocuparse del ser, hay que tener personas que son o, al menos, existen. Y en la película, sólo hay unos muñecos que dicen algunas cosas con cara de raíz cuadrada de 1.736, antes de montarse en un catamarán, pegarse tiros en persecuciones y explosionar edificios para salir corriendo a montarse en helicópteros.

Nuevamente la estructura de laberinto escheriano permite a Nolan llevar la historia a golpe de deus ex machina, o lo que es lo mismo: hago lo que me da la gana y si la lógica se resiente (no se puede llegar donde no se ha ido) no hay problema; porque no hay que entender, basta sentir. Y por si acaso, no se sintiera o sientese algún atolondrado aburrimiento, Nolan pone el volumen a toda potencia y acompaña cada secuencia de una música para disolver manifestaciones que ha compuesto el sueco Ludwig Göransson, destinada a conseguir que el espectador entre en una especie de trance gnóstico que le permita entender que hay salvación, pero es para unos pocos, iniciados en los secretos de la ciencia, en este caso la física teórica, en versión zumo con un 1% de fruta y el resto ya se sabe.

Los pocos momentos de descanso de los pedaleos cuánticos de Nolan los proporciona Elizabeth Debicki, la australiana de 30 años, que con sus 1’90 m. es una actriz imponente. Aunque sea necesario señalar que igual Nolan o su jefe de casting debería haber disimulado un poco: es un personaje arrancado de cuajo de una miniserie estupenda de Susanne Bier titulada The Night Manager. Lo de Pattinson en su personaje SuperMario es encomiable: el tío logra no reírse.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Hoyte van Hoytema
  • Montaje: Jennifer Lame
  • Música: Ludwig Göransson
  • Vestuario: Jeffrey Kurland
  • Duración: 150 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: Warner
  • Reino Unido, 2020
  • Estreno: 26.8.2020
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor