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The blind side (Un sueño posible)

Interesante vuelta de tuerca más al cine deportivo idealista y norteamericano que ha funcionado estupendamente en la taquilla de Estados Unidos. *** ½

THE BLIND SIDE, 2009 País: EE.UU. Dirección y Guión: John Lee Hancock Fotografía: Alar Kivilo Montaje: Mark Livolsi Música: Carter Burwell Intérpretes: Sandra Bullock, Tim McGraw, Quinton Aaron, Jae Head, Lily Collins, Ray McKinnon, Kim Dickens, Kathy Bates 128 m. +16 años (temática) Distribuidora: Fox Estreno: 18.6.2010

Idealismo norteamericano

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Pocas cosas les gustan tanto a los norteame­ricanos como las películas basadas en la su­peración personal de un deportista. Des­de Rocky a The blind side, pasando por Hoosiers, Titanes o Camino a la gloria, el ci­ne norteamericano se ha hecho verdaderamen­te especialista en este género. El mismo director de esta película ya había dirigi­do la eficaz The rookie, basada en la histo­ria real del mítico entrenador de béisbol Jim Morries.

Esta vez la narración (también basada en he­chos reales), cuenta la historia de Mi­chael Oher, un joven afroamericano sin hogar que encuentra ayuda y cobijo en una fa­milia blanca dispuesta a prestarle el apoyo necesario para que pueda triunfar como ju­gador de fútbol americano y en la vida. Por su parte, Oher también influirá en la vi­da de los miembros de la familia Touhy.

La diferencia principal de esta película con respecto a otras es que se centra más en la evolución dramática del personaje que en la mejora deportiva. Se presta poca aten­ción al campeonato y se da mayor impor­tancia a la influencia de Michael en una fa­milia que tiene, en principio, de todo. En es­te sentido Sandra Bullock está sobresaliente en un papel dramático con el que ha ga­nado casi todo (Oscar, Globo de Oro, etc.), algo que demuestra que es una actriz es­tupenda cuando se la controla (como es el caso) e insoportable cuando no es así (véa­se Loca obsesión).

La película se atreve a contar una historia bonita, muy bonita, sin miedo al sentimen­talismo, que evita con bastante elegancia. Además, la cinta tiene un buen ritmo na­rrativo que hace que las dos horas se pasen en un suspiro. Poco más habría que decir: es una película entretenida que cumple lo que pretende. Así lo aseguran los más de 255 millones ingresados en Estados Unidos (la cinta más ta­quillera de todos los tiempos protagonizada por una mujer).

Motivos para un retraso llamativo

¿Y por qué ha tardado meses en llegar a Es­paña? Porque es una película muy norteame­ricana. Esto hace que las motivaciones de los personajes sólo se entiendan desde la óp­tica de una familia cristiana evangélica nor­teamericana, que practica una solidaridad cristiana bastante admirable, silenciosa, sin aspavientos. No se oculta la religiosi­dad, pero tampoco se subraya. Una manera ciertamente insólita de acercarse a este asun­to en el cine actual.

Además, la película es positiva y amable sin negar una actitud crítica. Así lo vemos en una de las mejores escenas del film, en la que el matrimonio protagonista se plantea sobre si realmente hay rectitud en su ayu­da a Michael o buscan algo más que la fe­licidad del chico. Este giro hace la cinta más madura y matizada, poniéndola por en­cima de la simpleza voluntarista de la ma­­yoría de las películas deportivas.

No es una obra maestra porque hay baches del argumento no bien resueltos a mitad del metraje, varios personajes secundarios poco desarrollados y la música de Bur­well (uno de los grandes, sin duda) es redun­dante y carente de personalidad y emoción. Pero es una película sincera que podía caer en muchas trampas de moralina fácil y, sin embargo, mantiene con dignidad un dis­curso interesante y necesario gracias al no­table guión del propio Hancock (el segun­do más interesante de su filmografía des­pués del magnífico libreto que escribió pa­ra la película de Clint Eastwood Un mundo perfecto).

Claudio Sánchez