The Fall: El sueño de Alexandria | Esencia aventurera y orgía visual

Con The Fall, el indio Tarsem Singh se embarcó en una aventura cinematográfica que parece sacada de otra época: cuatro años de producción y mas de veinticinco países utilizados como localización para rodar un ejercicio de extravagancia y brillantez visual que destila amor al cine por los cuatro costados, y que fue merecedor del máximo galardón en el Festival de Sitges de 2007.

Singh, curtido en el mundo del videoclip, ya demostró su talento imaginativo en La celda, aquel vehículo al servicio de Jennifer López en el que interpretaba a una psicóloga que se colaba literalmente en la mente de un asesino en serie, y se convertía en testigo de sus visiones oníricas más sórdidas y depravadas. Todo era increíblemente desagradable, pero el tour de force visual que se marcaba el director invitaba a no apartar la mirada de la pantalla. The Fall, en cambio, se podría interpretar como la cara b de su ópera prima, canjeando aquel espectáculo desapacible por la casi más pura inocencia.

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Ahora es una niña, la Alexandria (irresistible Catinca Untaru) del título en español, la protagonista. La pequeña es una emigrante rumana que sufre un accidente recolectando naranjas en Los Angeles en 1920, es decir, la época que representa los albores de la gran industria cinematográfica. Durante su convalecencia en un hospital traba amistad con Roy (Lee Pace, en boga ahora gracias a la serie Pushing Daisies) un especialista en escenas de riesgo que tras una mala caída queda paralizado de cintura hacia abajo. Por si fuera poco, su novia también le deja por el actor principal de la película. A Alexandria le cautiva exclusivamente la capacidad para contar historias de aventuras de Roy, pero éste se debate entre el cariño que le inspira ella y la oportunidad que se le presenta de manipularla para que le ayude a encontrar una manera de suicidarse.

Como se podría adivinar, la relación entre el especialista y la niña es prácticamente una excusa argumental, porque el verdadero centro de atención está en la traslación a imágenes de las historias que le cuenta él. Todo cabe en ellas: desde Alejandro Magno, pasando por los piratas y Las mil y una noches, pero siempre tamizadas por un marco que las conecta con la realidad, en el sentido de que todos los personajes que las integran están inspirados en el personal del hospital, en los seres queridos y odiados de Roy y Alexandria, e incluso en ellos mismos. Los cuentos, por supuesto, se van volviendo más oscuros en función del estado de ánimo del narrador.

Tarsem Singh encuentra una mina en todo ello para devolvernos el colorido, ingenuidad y esencia aventurera de cintas clásicas como El ladrón de Bagdad, o la ternura onírica de alguna más moderna como el Big Fish de Tim Burton. La trama que elige como hilo conductor quizá sea más plana aún que las de sus referentes, pero el aprovechamiento del derroche de localizaciones combinado con la capacidad del realizador indio para recrear auténticas orgías visuales (ahora además sin utilizar efectos generados por ordenador) dan lugar a momentos puntuales ante los que sólo cabe descubrirse, y que son totalmente únicos en la historia del cine.

A priori, la gran dificultad que se va a encontrar la película será dar con su público adecuado: puede resultar un tanto convulsa para los niños más jóvenes y algo infantil y obvia para el adulto que va al cine de manera ocasional. En Estados Unidos ya ha sufrido las consecuencias, recaudando algo más de dos millones de dólares en cuatro meses, cifra que no se corresponde con una producción de este tipo.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Colin Watkinson
  • Montaje: Robert Duffy
  • Música: Krishna Levy
  • Duración: 117 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: Tri Pictures
  • EE.UU., India (The Fall, 2006)
  • Estreno: 14.11.2008
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Reseña
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