The princess of Nebraska: De Omaha a San Francisco

The Princess of Nebraska forma un díp­tico con Mil años de oración. Algo parecido a lo que ocurrió con Smoke y Blue in the face, ambas basadas en relatos de Paul Auster y estrenadas en 1995.

Las dos últimas obras del realizador asiático, asentado en California desde su juventud, se basan en relatos de Li Yiyun, na­cida en China pero igualmente establecida en Estados Unidos, donde estudió desde 1996. Coinciden las dos películas en el retrato de una mujer china que viaja a Es­ta­dos Unidos. En el caso de The Princess of Nebraska seguimos durante 24 horas la vi­da de Sasha, una joven estudiante china re­cién llegada a la Universidad de Nebras­ka, embarazada de cuatro meses tras una aventura fugaz en Pekín con un compañero de una escuela de danza. Sasha viaja desde Omaha a San Francisco para abortar y se encuentra con un escritor gay que ha tenido una relación con el padre del hijo que espera.

Aunque más de uno pensará que esto sue­na a Almodóvar, el desarrollo de la pe­lícula de Wang desmiente esa aparente similitud. El director, de 59 años, cuenta de una manera muy visual e introspectiva una historia de una joven inmadura, confusa y rota. Sasha procede de un país comunista en el que los jóvenes se mueven con esquemas capitalistas, sin ideales y dominados por el hedonismo consumista que marca la vida occidental. No ha dicho nada a sus padres de su embarazo porque teme su reacción. La película de algún modo juega con la metáfora de la América tradicional del interior (Nebraska) y la cuna de la revolución sexual, la californiana ciudad de San Francisco.

Wang sabe hacer películas pequeñas (és­ta lo es, incluso en el exiguo metraje que no llega a los 80 minutos) sin que le salga un telefilm. La cinta está bien estructurada y su estética es acertada, con unos insertos de registros de móviles que representan esa tendencia tan oriental a capturar la realidad. Teniendo en cuenta la sordidez de algunos ambientes donde se mueve la protagonista, es de agradecer que renuncie a la estridencia y el mal gusto. Las interpretaciones son notables, y los encuentros de Sasha con una prostituta china mayor que ella, con el escritor gay y con la mujer que le va a practicar el aborto hacen pensar al espectador en muchas cuestiones importantes.

Wang, casi siempre ecléctico -chino, nor­­teamericano y californiano–, expone, y cuando parece que toma partido no lo ha­ce, o bien lo hace para contradecirse a con­tinuación. Quizás sea la aportación del guionista Michael Ray. El final de la película es, en ese sentido de la confusión, muy revelador.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU./Japón, 2007
  • Fotografía: Richard Wong
  • Montaje: Deirdre Slevin
  • Música: Kent Sparling
  • Duración: 77 m. Adultos
  • Distribuidora: Karma
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor