Thomas vive: Larga memoria

Thomas vive | Aunque la intención y la idea son encomiables, incluso necesarias, el resultado no termina de funcionar

 Decía Chesterton que “Tomás Moro murió como un traidor por haber desconfiado de una monarquía que se consideraba el absoluto”. Cita “absolutamente” aplicable a tantos regímenes y sistemas políticos del siglo XXI.
Recuperar su memoria y su ejemplo de integridad moral y de compromiso con la verdad en una época banal, desaprensiva y cínica como la nuestra es el propósito que anima esta producción cinematográfica nacida de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) que, previamente, había llevado a escena la obra de teatro Tomás Moro, una utopía.
Antonio Cuadri (Eres mi héroe) dirige este ambicioso film independiente y experimental –metainterpretativo: cine de actores, cine sobre teatro- cuyo argumento gira en torno a una jornada de ensayos de una compañía que prepara la puesta en escena de la obra atribuida a Shakespeare y otros autores Sir Thomas Moro, y a la influencia que el santo jurista inglés decapitado por orden de Enrique VIII va teniendo en las biografías reales de los actores.
Y aunque la intención y la idea son encomiables, incluso necesarias, el resultado no termina de funcionar bien, por la descompensación entre el detallado argumento clásico y las apenas esbozadas tramas contemporáneas, que chirrían en momentos clave como la crisis del actor principal. Aún así, Thomas vive tiene momentos brillantes en que luce la armonía deseable entre el lenguaje cinematográfico y el teatral, entre los tiempos clásico y actual, como el ensayo que el director de la compañía –ex marido en ficción de la actriz que interpreta a la mujer de Moro- hace de la escena entre Thomas y su esposa poco antes de su encierro en la Torre de Londres.
También resultan desequilibradas las interpretaciones –excesivamente enfáticas y poco naturales en algunos personajes- de los actores del Teatro Clásico de Sevilla, que revelan un trabajo de casting menos pulido de lo deseable. Los efectos especiales en las ensoñaciones y recuerdos tampoco ayudan a la verosimilitud.
No pasa desapercibido el estupendo marco elegido para desarrollar este argumento, el sevillano Convento de Santa Clara y, sobre todo, el Monasterio de San Isidoro del Campo, donde, por cierto, a mediados del siglo XVI, se tradujo al castellano la Biblia del Oso,  muy apreciada por los protestantes, apenas treinta años después de la muerte de Tomás Moro.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Jorge Rodríguez 
  • Montaje: Jesús Moreno
  • Música: Alejandro Cruz Benavides 
  • Duración: 105 m.
  • Distribuidora: European Dreams Factory 
  • Público adecuado: +12 años
  • Estreno en España: 14.11. 2014
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Reseña
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Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla