Todo lo demás: Sin novedad en el frente

Como si se tratase del Ave Fénix, así se ha reciclado Woody Allen (Granujas de medio pelo, Acordes y desacuerdos, Un final made in Hollywood, La maldición del escorpión de Jade) en su última película, presentada en Cannes y que clausuró la pasada Seminci. Su protagonista, Jerry Falk, no es más que el alter ego del cineasta americano más europeo: le traspasa todas sus obsesiones, a la vez que le utiliza para meter el bisturí y diseccionar una sociedad que se mira a sí misma hasta la neurosis.

Una historia de amor -o mejor dicho, varias porque más bien se trata una sucesión de amores efímeros- que sirve para traer a escena al psiquiatra de turno, al mundo judío que no puede faltar -el director se reserva el papel y el nombre de David-, y las constantes referencias en su cine a las infidelidades conyugales y los problemas sexuales. Y de nuevo, la ironía punzante y corrosiva, el comentario ácido y demoledor que destroza las teorías más sofisticadas. Es bien conocido ese cinismo de Allen, capaz de hilvanar diálogos rápidos y agudos, de encadenar gags verbales llenos de ingenio: aquí lo consigue hasta con la figura de un protagonista-narrador que se dirige al espectador para distanciarse, reírse de sí mismo y de la realidad de la vida que nos está mostrando.

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Obsesiones, temas y acidez que no son nuevos. Es un filón que el director neoyorkino descubrió hace ya muchos años. Un aspirante a escritor, recién divorciado, pusilánime y condescendiente, se deja aconsejar por el experimentado David para embarcarse como guionistas en una aventura hollywoodiense. Amanda (Christina Ricci), una niña seductora que juega a ser mayor y salirse siempre con la suya cierra el trío. Amores a primera vista, sexo y afectos, inseguridad y rechazo al compromiso son temas que entran en la coctelera que también contiene irónicos dardos contra la política de defensa de EE.UU. y las leyes sobre la tenencia de armas de fuego. Allen nos da lo de siempre, ni más ni menos: lo mismo que en los otros treinta y dos largometrajes que lleva a sus espaldas.

Sus incondicionales volverán a reír con sus frases ingeniosas y su capacidad para no dejar títere con cabeza, pero a un director como Allen se le puede pedir creación artística y temática, innovación, inconformismo, riesgo, nuevos senderos. Y todo esto se le ha olvidado al realizador de Annie Hall. Es como si no tuviera más que decir o no supiera cómo decirlo de otra manera: su mundo es un mundo cerrado, con estereotipos bien conseguidos, pero que no agotan una realidad que dista mucho de la que nos presenta. Porque al fin y al cabo, quizá el mundo -«todo lo demás», en alusión al título- no sea tan paranoico como nos lo presenta, y esa enfermedad quizá haya que buscarla más bien en la mirada.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Darius Khondji
  • Montaje: Alisa Lepselter
  • Productora: Letty Aronson
  • País: EE.UU.
  • Año: 2003
  • Distribuidora: Lauren Films
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Reseña
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Julio Rodríguez Chico
Historiador. Crítico de cine. Autor de los libros "Azul, blanco, rojo: Kieslowski en busca de la libertad y el amor" y "Guía fácil para entender el cine".