Todo o nada

Dirección y guión: Mike Leigh Fotografía: Dick Pope Intérpretes: Timothy Spall, Lesley Manville, Alison Garland, James Corden, Ruth Sheen, Marion Bailey Montaje: Lesley Walker
Distribuidora: Vértigo Música: Andrew Dikson

Gran Bretaña, 2002. Estreno en España: 16.01.2004

Cuando el amor se acaba, ¿sabes tú dónde va?

- Anuncio -

No es esta película un retrato social, co­mo dice alguna propaganda. Si solamente fuera un retrato social sería una especie de documental, en este caso de un área demográfica media baja: taxistas, cajeras de supermercado, limpiadoras, paro… Pero en este pai­saje urbano, en esta geografía humana, y más precisamente en el seno de una de estas fa­milias, tiene lugar una historia de amor.

Esta historia de amor no es privativa de taxistas o de duques, de señoras millonarias o de señoras de la limpieza; es, como he dicho, una historia de amor y, por tanto, una historia universal. Mike Leigh ha elegido un escenario y una vestimenta medio-bajos, y un ambiente cul­tural… bajo; pero los sentimientos espirituales, al ser humanos, son universales: son siempre altos, y pueden ser altísimos.

El director no ha elegido a estrellas guapas, sino actores, y más bien feos. El protagonista masculino es otra vez el gordo Timothy Spall (podemos verle en El último samurai); Alison Garland y James Corden (sus dos hijos) están enfermos de obesidad. La protagonista femenina (Lesley Manville) es guapa, pero salvo un momento aparece sin maquillar y desarreglada durante toda la historia. Con esto señalo lo que Mike Leigh indica, y presenta con fuerza: el in­terior de la persona.

Este director confía su película y el guión a la creatividad de sus actores, con quienes ensaya hasta la perfección. El resultado es que todos los personajes son personas reales, no estereotipos; todo lo que sienten y dicen es adecuado y exacto.

En todo o nada, hay un entorno de otras once personas -ade­más de las cuatro protagonistas-, todas con su historia y su vida y su mundo interior. Prefiero no adentrarme en los argumentos, porque la so­la presentación de los hechos, de los actos humanos, tanto los valiosos como los rechazables, es ya una lección moral, un comentario u orien­ta­ción.

La narración fílmica -y tiene que hablar de quince personas- parece muy adecuada en su rit­mo, en la longitud de las diversas secuencias, en su alternancia, orden y armonía. Cada cosa lle­ga cuando tiene que llegar. Nada pesa y nada es insuficiente. Quizá el inicio y la presentación de los personajes den un tono demasiado can­sino, de angustiosa rutina, desesperanzado… hasta llegar al punto de inflexión, al cambio, que lo es para todas las historias tratadas.

No es frecuente un cine como el de Mike Le­igh: verdadero, que evita la belleza sensible para adentrarse en la mayor belleza, la de la ac­ción humana que atrae. O su mayor fealdad, la degradación, que repele.