Toy Story 3

Toy Story 3: ¿Buena… la tercera parte? No. Buenísima

Otra obra maestra de Pixar, con un gran guión de Michael Arndt, ganador del Oscar por su opera prima, Pequeña Miss Sunshine

Once años han pasado desde el estreno de Toy story 2, secuela excelente, la tercera pe­lícula de Pixar y la primera totalmente crea­da, masterizada y exhibida en formato digital. Toy story, la primera producción de Pixar, es de 1995 y fue el primer largometraje animado generado íntegramente por ordenador.

Sin asomo de grandilocuencia, se puede es­cribir que Toy story 3 es la mejor tercera par­te de la historia del cine, amén de una de las mejores películas animadas. Lo que han de­clarado sus autores se ha cumplido: que­rían cerrar una gran historia contada en tres en­tregas y lo han logrado.

No quiero seguir sin hacer una advertencia, especialmente necesaria: todos mis comen­tarios se refieren a la versión original, que ha contado con unos actores sensacionales que logran registros de voz inolvidables. La versión doblada, por motivos evidentes que no revelaré, será otra cosa, mucho menos su­til, mucho menos graciosa, teniendo en cuen­ta el esmero con el que Pixar cuida el audio de sus producciones y el importantísimo papel que tiene la lengua castellana en el clí­max de la película, una sorpresa que en bue­na medida se explica por la presencia de es­pañoles en el equipo internacional de anima­dores de la compañía de John Lasseter.

Las noticias que llegaban del estreno nortea­mericano de la cinta (18 de junio) hablaban de buena recepción del público y de críti­cas muy favorables. Y es lógico. Toy story 3 es una película muy divertida y amena, conmo­vedora, a su manera profunda y muy seria, con momentos de un arte arrasador, acción a raudales, giros de guión excelsos y uno de los mejores finales que ha rodado la fac­toría Pixar (y los tiene buenísimos, me bas­ta pensar en el de Monstruos S.A.).

Un final a la altura de los primeros minutos de Up, que para alguien que sepa un po­co de cine conduce directamente a un señor lla­mado John Ford, y no me tiembla la mano al escribirlo -tras meter un rato la cabeza en la nevera para evitar el furor del teclado y que mi admirado Ford se removiese en la tum­ba-. Hace falta un inmenso talento para ro­dar esa secuencia del jardín, con las puertas abiertas, con un tempo sublime y una hon­dura que conmueve hasta dejar a la sala con lágrimas en los ojos, cosa muy meritoria cuan­do los que se sientan en ella son críticos de cine que se saben de memoria el final de Cen­tauros del desierto.

Un derroche de talento

La audacia de Pixar, su enorme crea­­ti­vidad, sigue sorprendiéndonos. En la pelícu­la anterior, Up, contrataron a Tho­mas McCarthy (The visitor) para que ayudara en el guión. Esta vez se lo han confiado por com­pleto (le han entregado la historia) a un guio­nista sin experiencia en animación y con una sóla película a sus espaldas, que poco tie­ne que ver con Toy story 3 tanto desde el pun­to de vista temático como del tratamiento. Michael Arndt, ganador del Oscar al guión original por Pequeña Miss Sunshine, ha he­cho un trabajo fabuloso, con una trama, unos conflictos, unos puntos de giro, una escri­tura de diálogos, una evolución de persona­jes y unas situaciones de humor delirante que dejan al espectador hechizado.

Sumen a lo escrito una animación impecable, con un 3D muy ajustado, unos fondos tra­bajadísimos (el diseño de la guardería es un alarde de inteligencia), un muy brillante tra­tamiento del color y de la luz, la inspiradí­sima música de Randy Newman, la precisión del montaje y unos nuevos personajes (ese desgarrador oso de peluche abrazador con sabor a fresa) diseñados con la habilidad del mejor orfebre: el resultado final es sencilla­mente deslumbrante. Y para colmo, el aperi­tivo en forma de corto es ingenioso -a nivel técnico, argumentalmente es poquita co­sa- hasta decir basta.

La sombra de Lasseter (productor ejecutivo) es alargada, o dicho de otra manera, gran par­te del mérito es suyo. No es casual el senti­do y explícito homenaje que incluye Toy story 3 a Hayao Miyazaki, tan querido y admi­rado por la familia Pixar, muy presente en to­da la película, pero de manera evidente con la presencia de Totoro, el personaje predi­lecto del director japonés.

La manera de ha­cer trilogía de los autores de la historia (Lasseter, Stanton y Docter), llevando a los ju­guetes al cambio generacional que supone la entrada en la universidad de su dueño, Andy, es habilísima y sería imposible sin la ins­piradora experiencia familiar que confiesan abiertamente sus creadores. Se puede decir más alto, pero no más claro: sin el aprecio -el orgullo- por la familia, por el matrimo­nio, por la paternidad y la maternidad que hay en Pixar, el flexo de la “i” no alumbra­ría de una manera tan potentísima.


  • Toy Story 3
  • Dirección: Lee Unkrich
  • Guión: Michael Arndt
  • Fotografía: Jeremy Lasky
  • Música: Randy Newman
  • Voces originales: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Ned Beatty, Michael Keaton, John Morris, Timothy Dalton
  • Duración: 103 m.
  • Distribuidora: Disney
  • Público adecuado: todos
  • EE.UU.  2010
  • Estreno en España: 23.7.2010
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor