Trabajos de amor perdidos: Shakespeare & Branagh bailando juntos

Resulta elogiable el trabajo de Kenneth Branagh en acercar al público actual la obra de Shakespeare, y que viene marcando su trayectoria como director (Henry V, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet…).

En esta ocasión ha elegido una de las obras menos conocidas del autor, y en su adaptación -se trata de una comedia romántica- le da un tratamiento musical para rendir un homenaje a los musicales de Hollywood de los años 30 y 40.

Las referencias al contexto de la época en el texto original son sustituidas por canciones de Cole Porter, Irving Berlin, George Gershwin y sus letras -sobre los caracteres del amor- se entremezclan con los versos de la trama shakesperiana.

Este planteamiento y su desarrollo desafían al espectador que, o bien entra y se deja seducir por la estructura narrativa diseñada por Branagh, o chirría produciéndole una sensación de pegote.

La brillantez de las obras de Shakespeare nunca decepciona y ofrece espléndidas reflexiones sobre la naturaleza humana.

La exaltación del amor romántico como fuerza transformadora de las vidas humanas nos descubre que cuando se hacen acuerdos que dejan fuera la posibilidad de encuentro amoroso, la realidad del amor impone y modifica no sólo la percepción de uno mismo, sino la manera de abordar y resolver los problemas que surgen en las relaciones entre hombres y mujeres.

La coreografía en el montaje de los números musicales es aceptable, así como la música original del compositor habitual de Branagh, Patrick Doyle, pero no alcanza la calidad de la composición de Mucho ruido y pocas nueces, que me parece también como película en su conjunto un producto más acabado en capacidad para transmitir emoción y vitalismo; incluso ese punto de cinismo sobre el matrimonio y las mujeres que termina reforzando el valor de su autenticidad.

Ficha Técnica

  • Argumento: Basada en la obra W. Shakespeare 
  • Música: Patrick Doyle 
  • Fotografía: Alex Thomson
  • País: Gran Bretaña 
Reseña Panorama
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