Transamerica: Una anticuada historia

No lo digo yo. Lo dice el propio Dun­can Tucker: «Transamerica no es una película sobre la transexualidad: en el fondo es una anticuada historia acerca de un padre, un hijo y los lazos familiares». ¿Enton­ces, la propaganda está engañando a los futuros espectadores? Sí y no.

Decir que es una anticuada historia no es nada peyorativo, al contrario, porque debe leerse si se quiere, en vez de anticuada, que es una historia de toda la vida, real, en buena medida profunda… Y lo que pasa, además, es que a esa falsa antigüedad de fondo (que es siempre actual) se le añade el cascabel de colorines, ruidoso, de la transexualidad, para -en este caso- despertar al gato, o sea, tal vez al espectador. El director ha estudiado la carrera de Filosofía.

- Anuncio -

Ciertamente, ese padre, que lo es casi de pa­so, decide operarse genitalmente para (es graciosa la expresión) una reasignación sexual. No tiene un hijo tras un escarceo amoroso (como he leído): su aventura amorosa no fue superficial, de otro modo no hubiera ella concebido. Felicity Huffman está muy graciosa, graciosa patéticamente, pues produce tristeza su trágica soledad, da dolor ver una vida así desorientada y rota. Y, sin embargo, hay mucho humor a pesar de lo patético, situaciones y diálogos provocan con frecuencia la carcajada. Huffman hace de un hombre que padece trastorno sexual de género (enfermedad mental grave), debido a causas principalmente psicológicas. Su maquillaje le da un aire masculino, y el postizo que agranda sus hombros. Pero sobre todo con su comportamiento, voz, gestos… imita a la perfección lo que se pretende.

Ciertamente, ese hijo sufre un también patético abandono. Su historia personal supera en desgracias el más intrincado folletín. Es la víctima. Una víctima enfadada, y tan desorientado y roto como su padre/madre. Kevin Zegers hace también de sí mismo un extraordinario retrato. Sin embargo, en su trazado no hay ni pizca de humor, sino angustia, soledad casi desesperada.

Ciertamente, esos lazos familiares: la madre del transexual y abuela del hijo/víctima (magnífica Fionnula Flanagan), el desconcertado padre/abuelo, la horrorizada hermana/tía…, todos sufren, entre el horror y el desconcierto, la situación. En ellos -en esos lazos familiares- adquiere la película su más completo tono de comedia, cómica, que desata la risa y se acerca a la astracanada.

Hay que decir que Transamerica es, al mismo tiempo, una road movie, de extremo a extremo de América, la América profunda, con cuyos profundos tipos humanos contrasta la subversiva presencia de ese monstruo -así la/le califica el hijo- que representa Felicity Huffman. Y sin embargo es una persona digna de ser amada. De este modo juega el filósofo Duncan Tucker, entre la risa y el patetismo. Y con sólo dolor y tristeza para el personaje de Kevin Ze­gers.

Ágil, brillante en la realización, cambiante en la forma pero sin perder el hilo de la intensidad, Transamerica es una película notable, una sorprendente primera película. Grosera, sí, en ocasiones, sobre todo verbalmente, pero con fluida rapidez en las imágenes, que no degeneran.

La frase y la fotografía de propaganda dicen: “La vida es un viaje. Sólo tienes que elegir un camino”. Pero la película de Tucker dice otra cosa: entre bromas hilarantes a veces y otras crueles, y entre seriedades desgarradoras, dice: Tu vida es tu viaje por tu propio camino, el que ya es tuyo, el que ya tienes; si está en mal estado, asume y acepta sus dificultades, procura arreglarlo; pero no lo destruyas más ni vayas por otro camino que no es el tuyo, que no va, que no te lleva.

Recuerdo por tercera vez que Duncan Tu­c­ker es filósofo.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., 2005
  • Fotografía: Stephen Kazmierski
  • Montaje: Pam Wise
  • Música: David Mansfield
  • Distribuidora: Alta
  • Estreno en España: 10.03.2006
Suscríbete a la revista FilaSiete por sólo 32€ al año
Reseña
s
Pedro Antonio Urbina
Crítico de cine, poeta, escritor y traductor