Tres monos

Tres monos | Atrapado por su prestigio festivalero, Ceylan sigue entregado a la recurrencia. El día que se proponga contarnos algo va a ser la remonda

- Anuncio -

Dirección: Nuri Bilge Ceylan Guión: Ebru Ceylan, Ercan Kesal, N. B. Ceylan Fotografía: Gökhan Tiryaki Montaje: Ayhan Ergürsel, Bora Göksingöl, N. B. Ceylan Intérpretes: Yavuz Bingöl, Hatice Aslan, Ahmet Rifat Şungar, Ercan Kesal, Cafer Köse, Gürkan Aydin Duración: 109 m. Público apto: +18 Distribuidora: Golem 

Turquía/Francia/Italia (Üç maymun), 2008. Estreno en España: 19.6.2009

Tres monos | Autor, autor

A la hora de hablar de Los climas, el anterior filme de Nuri Bilge Ceylan, escribí: “Ceylan es de esa clase de realizadores tan consciente de la adoración que sienten por él los jurados de los grandes festivales que sus películas se ven seriamente condicionadas por ello. A lo largo del metraje parece más interesado en reivindicar su condición de autor a cada plano que en asegurar la solidez de lo que está contando”. Poco o nada ha cambiado en el cine del realizador turco excepto su caché, que ha subido bastantes enteros. Si Los climas le valió en su momento el premio de la Fipresci en el Fes­tival de Cannes, con Tres monos se llevó directamente el galardón al mejor director en la edición del año pasado.

La cinta arranca con un accidente automovilístico mortal cuyo causante es Servet (Ercan Kesal), un importante político. Pa­ra salvar su reputación y su carrera, Ser­vet convence a su chófer, Eyup (Yavuz Bin­göl), para que se declare culpable del accidente y vaya a la cárcel durante nueve meses a cambio de una importante compensación económica. Eyup acepta el trato, pero esta decisión provocará una reacción en cadena que destrozará la vida de su mujer (Hatice Aslan) y de su hijo (Ri­fat Sungar).

Ceylan vuelve a incidir en su tema recurrente de la incomunicación en las relaciones familiares, pero la fuerza de lo que intenta transmitir apenas traspasa la pantalla. Gran parte de culpa de ello lo tiene la manera en la que dibuja a sus personajes, quedándose en meros trazos incapaces de crear una conexión con el espectador. Eso sí, la belleza formal que logra alcanzar con sus largos planos fijos, adornados con una fotografía exquisita tanto en exteriores como en interiores, es innegable. Tiene una habilidad sin parangón para filmar una pared de hormigón y hacerla parecer fascinante. El día que se proponga contarnos algo que realmente nos interese va a ser la remonda.

Juan Claudio Matossian