· Bryan Cranston hace una interpretación de las su­yas: perfecta e inimitable. No hay
nada postizo, nin­gún gesto ni frase que no suene verdadera.

Genialidad clandestina

Aunque el tráiler de promoción amenace con un ex­cesivo tono cómico, Trumbo no es precisamente una película tronchante. Es cine de detalles basado en una historia real con algunos gags brillantes (esas escenas del escritor en la bañera con copa, cigarro y máquina de escribir «de las de antes» son sen­cillamente maravillosas). El retrato de un guionista amenazado por el macarthismo que tenía una gran familia detrás. Probablemente fue eso lo que no solo le mantuvo en pie tanto tiempo en Hollywood, sino que incluso le permitió ganar dos Oscar y escribir grandes libretos de manera clandestina pa­ra películas como Vacaciones en Roma, Éxodo, The Bra­ve One o Espartaco.

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Bryan Cranston hace una interpretación de las su­yas: perfecta e inimitable. No hay nada postizo, nin­gún gesto ni frase que no suene verdadera. Y lo más asombroso es que otro actor en su situación hu­biese vivido poseído por el espíritu de Walter Whi­te, el protagonista de Breaking Bad al que dio vi­da a lo largo de seis memorables temporadas tele­vi­sivas. Pero el intérprete californiano es un fuera de serie que sigue empeñado en bordar una filmografía imprevisible a su manera. Por Trumbo recibió las nominaciones al Oscar y al Globo de Oro pero 2016 era el año de Leonardo DiCaprio.

A Bryan Cranston se suma Helen Mirren bordando el personaje real de Hedda Hooper, la crítica de cine más influyente y temible del Hollywood dorado. Con estos dos maestros de la interpretación, la película es muy interesante a pesar sus dos horas de metraje y el lastre de tener un director y un guio­nista tan mediocres como el comediante Jay Roach (Los padres de él, Austin Powers) y el televisivo John McNamara (The Magicians, Aquarius). Con una reescritura más exigente, una puesta en es­cena más vibrante y una música menos rutinaria es­taríamos hablando de otro gran homenaje al cine clá­sico norteamericano como Ed Wood, Historia de un crimen, Capote, Mi semana con Marilyn, Hitchcock o la infravalorada Saving Mr. Banks.

Concediendo estas limitaciones, Trumbo tiene varios aciertos, como por ejemplo atreverse a que actores del siglo XXI de segunda fila den vida a in­mortales del cine como Kirk Douglas, John Way­ne o Edward G. Robinson, sin preocuparse exclusi­va­mente por el parecido físico. El resultado podría ser desastroso y sin embargo el nivel de estas inter­pre­taciones es más que notable.

Se echan de menos en la película la aparición de fi­guras muy relevantes en contra de las listas negras como John Ford, Orson Welles, Katherine Hep­burn, Bogart o John Houston, y un tratamiento menos epidérmico de la situación de la Guerra Fría. Da la sensación que el comunismo era un fan­tasma que solo existía en la imaginación de unos cuantos políticos norteamericanos obsesionados. Y no era así; existía y amenazaba de manera muy real desde Cuba, la Unión Soviética, China, etc. In­cluso Spielberg, un director al que suele perderle la vena patriótica, ha sido más poliédrico a la hora de enmarcar históricamente esta época en su últi­ma gran película, El puente de los espías.

De todas formas, hay que admitir que Trumbo podría haber sido un ajuste de cuentas de los herederos del comunismo perseguido (muy presentes y ac­tivos en el Hollywood actual) y creo que no lo es. Al menos en parte. Tampoco es que sea un prodigio de matices, pero para la historia que cuenta hay un in­tento claro de reconciliación y de poner el cine más en primer plano por delante de la política. No es poco.

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Ficha Técnica

  • Dirección: Jay Roach
  • Guion: John McNamara
  • Fotografía: Jim Denault
  • Montaje: Alan Baumgarten
  • Música: Theodore Shapiro
  • Intérpretes: Bryan Cranston, Elle Fanning, Diane Lane, Alan Tudyk, Helen Mirren, Louis C.K., John Goodman, Michael Stuhlbarg
  • Duración: 124 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: eOne
  • EE.UU. (Trumbo), 2015
  • Estreno: 29.4.2016