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Un Dios prohibido

Por encima de sus limitaciones, un relato arrollador sobre las matanzas de Barbastro en el verano del 36. ***½

Dirección: Pablo Moreno Guion: Juanjo Díaz Polo Fotografía: Rubén D. Ortega Montaje: María Esparcia Música: Sergio Cardoso Interpretación: Íñigo Etayo, Jacobo Muñoz. Elena Furiase, Jerónimo Salas, Álex Larumbe, Luis Seguí, Eneko Capapay Duración: 124 min. Distribuidora: Contracorriente Público adecuado: + 16 años 

España, 2013. Estreno en España: 14 Junio 2013.

Sangre del 36

No la he visto en las mejores condiciones. Pero da igual. Me pareció ridícula la introducción que nos hicieron, con un señor contando la película antes de que empezara. Pero da igual. Hay unos defectos de sonido y algún problema de raccord. Pero da igual. En el casting, la mezcla de actores profesionales y aficionados con texto es, algunas veces, cantosilla. Las dos o tres voces en off son perfectamente superfluas. Y alguna cosa de vestuario se te clava en el ojo y la música en ocasiones estorba … Pero da igual.

Da igual porque más allá de la pericia de Pablo Moreno y de su equipo, de las limitaciones evidentes de presupuesto y de todo lo que ustedes quieran añadir, la película me parece -paradójicamente, sí- formidable. Es arrolladora, te pasa por encima y te deja planchado, aunque lleves puesto al crítico de cine que siempre va contigo, durante nada menos que 124 minutos. Le ocurre lo que al Bresson de El proceso de Juana de Arco, que -de una manera muy distinta- se asoma igualmente al misterio de la gracia y no teme que la representación de su acción sobre seres humanos en la tribulación extrema y el desamparo más absoluto pueda resultar un tanto desmañada, porque la vida es así, encantadoramente ridícula, lo sublime se entreverá con lo banal, con lo grotesco.

Nunca nadie había hecho en España un relato así sobre la sangre del verano del 36 como el que firma Juanjo Díaz Polo, que se ha pegado a las actas del martirio y las ha dramatizado (ya me perdonarán, pero así se le llama al arte de contar en el cine) en un guionazo muy inteligente, que logra agilidad, humor, mesura, comprensión, ingenuidad y realismo (muchos seminaristas de los años 30 eran así, muchos anarquistas de los años 30 era así). Quien crea que esto es fácil es que no tiene la menor idea de lo que es hacer cine. Lo milagroso es que Moreno haya logrado esto después de hacer cosas anteriores a las que me he asomado y he salido huyendo despavorido. Pero es que el guión de Díaz Polo es sensacional. Y hay actores profesionales y no profesionales que vuelan con el texto sin despegar los pies del suelo. Paradoja.

Un obispo, 127 sacerdotes (de un total de 144), 5 seminaristas, 51 Misioneros Claretianos, 9 religiosos de las Escuelas Pías, 18 Benedictinos del Monasterio del Pueyo. Una lista que estremece, ganas dan de mencionar , uno por uno, los nombres de los que murieron asesinados en la pequeña diócesis oscense de Barbastro en julio y agosto de 1936, después de ser tratados con un ensañamiento que produce vértigo. La película no glosa. No se recrea, no juzga. No catequiza. Simplemente cuenta, y mientras cuenta, te olvidas de Franco, de Durruti, de rojos y azules, de esta España nuestra, capaz de lo mejor y de lo peor en un palmo de terreno.

Se te clavan en el alma palabras («Morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora») e imágenes (ese Cristo Eucaristia embutido en pan con chocolate, el toreo con seminarista, un gitano aferrado a un rosario que no entiende que se pueda prohibir a Dios) que se quedan ahí dentro, muy dentro, muy abajo.

Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor