Un dios salvaje

Roman Polanski vuelve a hacer gala de su talento en esta modélica versión cinematográfica de una prestigosa obra de teatro. ****

CARNAGE, 2011 País: Alemania/España/Francia/Polonia Dirección: Roman Polanski Guión:  Yasmina Reza, R. Polanski Fotografía: Pawel Edelman Montaje: Hervé de Luze Música: Alexandre Desplat Intérpretes: Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster, John C. Reilly 79 m. +16 años Distribuidora: Alta Estreno: 18.11.2011 

Roman paladino

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Polanski y la prestigiosa y muy premiada autora teatral francesa Yasmina Reza (Pa­rís, 1959) se han encargado de escribir el guión adaptado de una obra homónima (en el título español) de la propia Reza, estre­nada en 2008 con mucho éxito, como sus obras anteriores, especialmente Arte, estrena­da en 1994.

El resultado logrado por Polanski (París, 1933) es muy, pero que muy bueno. El direc­tor ya había afrontado un trabajo similar en La muerte y la doncella, una película de 1994 que adaptaba el angustioso drama de Ariel Dorfman.

En Un dios salvaje cuatro actores enormes se ponen el mono de trabajo para dar vi­da a una tremenda, divertida y agridulce sá­tira sobre las miserias de unos representan­tes del capitalismo liberal poscristiano ur­banita, con sus poses vanidosas, sus contra­dicciones flagrantes, sus patéticas maneras de llenar el hueco inmenso que deja la ro­tura de amarras con una moral que se sus­tituye por una ética de mínimos, pestilen­temente acomodaticia, que lo que busca no es el bien sino la comodidad y la autoafir­mación en las peleas de gallos-egos.

Dos matrimonios neoyorquinos se reúnen pa­ra hablar sobre un incidente que se ha pro­du­cido entre los hijos, compañeros de co­legio en una discusión de pandilla. La ci­ta va poniendo al descubierto la perso­na­li­dad de Penelope y Michael Longstreet y de Nan­cy y Alan Cowan.

Asumiendo los condicionantes teatrales (las tres unidades), Polanski afronta la pelí­cula con inteligencia. De entrada, el metra­je es exactamente el que debe ser, la foto­grafía, la puesta en escena, el vestuario, la música y la dirección de actores son exce­lentes. Llama la atención la calidad de la pla­nificación y el inteligente montaje. Con­tar con los habituales Pawel Edelman y Her­vé de Luze encargándose de fotografía y montaje permite a Polanski explotar al má­ximo la puesta en escena rotunda del mis­mísimo Dean Tavoularis (el diseñador de producción de casi todas las obras mayo­res de Coppola). Tavoularis, con buen crite­rio, no ha optado por ese minimalismo es­cénico que está tan de moda y ha montado un apartamento de clase muy acomodada. Cada mueble, cada objeto (unas flores, una pila de revistas de arte, las tazas de ca­fé, una blackberry, una tarta de manzana) par­ticipa en el poderío de un texto muy bien construido, que supera de manera airo­sa el peligro del hartazgo de una situación que podríamos definir como excesivamen­te sedentaria. Reza y Polanski mueven a sus personajes en el salón de una casa (brevemente en la puerta de entrada y en el dor­mitorio-baño) con un criterio muy inteli­gente, con periodos de calma y otros de tem­pestad.
”Vale, Alberto, ya se ve que es buena. Pe­ro vamos al cine un viernes al mes… ¿Va­mos?”. Sí.

Alberto Fijo


Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor