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Un puente hacia Terabithia

Dirección: Gabor Csupo Guión: Paterson/Stockwell Fotografía: M. Chapman Montaje: John Gilbert Música: Aaron Zigman Intérpretes: J. Hutcherson, A. S. Robb, Z. Deschanel, R. Patrick, B. Madison Duración: 94 m. Público adecuado: Jóvenes Distribuidora: DeAPlaneta

EE.UU., 2007. Estreno en España: 02.03.2007

Salvados por la imaginación

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El debut en la dirección de Gabor Csu­­po (Budapest, 1952), productor y animador de series de televisión como Los Simpson o Rugrats, es sobresaliente. No es fácil dotar a una película infantil del tratamiento necesario para que ésta pueda llegar a ser adulta. Csupo lo ha hecho en Un puente hacia Terabithia, gracias eso sí a la novela de Katherine Pater­son, material más que suculento para una adaptación a la gran pantalla.

La norteamericana Paterson (ganadora de los premios más importantes de literatura juvenil) escribió Puente hacia Terabithia en 1977, después de la muerte de un amigo de uno de sus hijos. Intentaba ayudarle a superar el dolor por su pérdida. Si lo logró o no es otra historia, lo que sí es cierto es que le dio para escribir un libro profundo sobre la amistad y el sufrimiento en la edad adolescente, con una importancia decisiva de la imaginación en el desarrollo emocional de los protagonistas. Por esas cosas que de vez en cuando tienen lugar, el libro se convirtió en un buen guión y éste en una buena película, que no es para niños demasiado pequeños.

Jess y Leslie se conocen en la escuela. A los dos protagonistas les unen una realidad di­fícil y una creatividad desbordante. Así inventarán un mundo imaginario, Therabithia, que les llevará a forjar una gran amistad. Pe­ro la imaginación puede ser terrible o mágica, causar problemas o ayudar a aliviarlos. En el caso de Jess y Leslie se impone la segunda opción y Te­ra­bithia conseguirá que am­bos se enfrenten a sus inseguridades.

Nos encontramos por tanto con un buen ar­gumento, en el que la imaginación y la realidad adquieren importancia a partes iguales en la construcción de los personajes. Conflic­tos paterno-filiales, escolares y de identidad se enlazan con acierto en la pantalla con la realidad imaginada por los chicos, gracias en gran medida al trabajo llevado a cabo por la empresa Weta Digital (El Señor de los Ani­llos) en el apartado de los efectos digitales.

Hay que añadir además el buen hacer de los jovencísimos actores, de los que Csupo extrae grandes interpretaciones con la sencilla fórmula de dejarles ser lo que en definitiva son: chavales de carne y hueso. Un puente… no sería lo mismo sin el trabajo de Anna Sophia Robb y Bailee Madison, encargadas de trans­­mitir la ternura y la simpatía necesarias para que el cambio de giro de la cinta conmocione de la forma en que lo hace.

En definitiva, buen cine para jóvenes y pa­ra los que no lo son tanto, de impecable realización y aderezado con una gran colección de canciones. Eso sí, menos televisión y más lápices de colores.