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Una historia verdadera

País: EE.UU Dirección: David Lynch Guión y Montaje: Mary Sweeney Música: Angelo Badalamenti
Intérpretes: Richard Farnsworth, Sissy Spacek, H. Dean Stanton

Genuino sabor americano

HA nacido un héroe. Lleno de achaques, apenas puede caminar, pero está más lleno de vida que todos los superhéroes que el cine haya podido inventar. Lo ha creado David Lynch, que ha cambiado de registro para contar una historia verídica, la de Alvin Straight, que a sus 73 años decide visitar a su hermano enfermo, al que no ve desde hace diez años. Les separa una rencilla provocada por «el orgullo, la vanidad, la soberbia…» No se especifica la causa concreta. No hace falta: puede ser cualquiera, desde Caín y Abel al siglo XXI.

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La peculiaridad es que viven a 500 kilómetros de distancia y Alvin no tiene carnet de conducir y el transporte público no llega al apartado lugar donde vive su hermano. Pero Alvin ha tomado una decisión: tras unos arreglos en su cortacésped, sale a la carretera y, bien surtido de salchichas de hígado y con un pequeño remolque para dormir, va en busca de su hermano a 20 kilómetros por hora. Quizás podría haber encontrado otro medio de locomoción más cómodo y rápido, pero una frase, al comprar la cortacésped, resume la esencia de la aventura: «Me gustaría saber a quién ha pertenecido; el dueño de una maquina dice mucho de ella». Alvin tarda un par de meses en llegar: la discordia puede poner mucho terreno y tiempo entre dos hermanos. Nada que el sacrificio no pueda curar.

Con un ritmo muy pausado -la película aburrirá a más de uno-, Lynch se recrea en dos paisajes complementarios. Uno, abriendo el plano a las vastas llanuras del medio oeste estadounidense: apoteósicas puestas de sol, maizales suavemente mecidos por el viento, la lluvia… Otro, cerrándolo al rostro y el decrépito cuerpo de Alvin, todo un mapa de la humanidad en su máxima expresión.
Nominado para el Oscar al mejor actor principal, Richard Farnsworth encarna un héroe de los clásicos; con su sombrero y sus bastones, se lanza a la aventura al estilo de los vaqueros de antaño. Su espíritu fuerte y tranquilo, como la inmensidad del territorio que recorre; su forma de encender los cigarrillos que el médico le ha prohibido, su hablar sosegado, a veces sus silencios… Impresionante. Por el camino va encontrando gente buena, a la que ayuda como un Quijote sin aspavientos: sólo con unas pocas palabras y el ejemplo de quien se sacrifica hasta el límite por reconciliarse con un hermano.

Si American Beauty, protagonista de los Oscar que vienen, descarna con venenoso talento lo peor de la sociedad estadounidense -hay mucho dónde elegir-, esta joya de David Lynch recuerda que aún queda algo de aquella épica de los pioneros. Con las estrellas por techo y el sombrero bien calado, el viejo Alvin Straight cabalga hacia el horizonte a lomos de su cortacésped…

Ángel Peña