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Una terapia peligrosa

País: EE.UU. Dirección: Harold Ramis Guión: Peter Tolan, Harold Ramis, Kenneth Lonergan Intérpretes: Robert de Niro, Billy Cristal, Lisa Kudrow, Chazz Palminteri

Analiza como puedas

¿Qué pasaría si todo un Michael Corleone creyese que se está convirtiendo aceleradamente en su amilanado hermano Fedro? Un sugestivo caso de análisis para cualquier psiquiatra atrevido y cinéfilo… Y qué mejor que uno salido de la alleniana New York.

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Billy Cristal, el loquero, analizando a Robert De Niro, el mafioso con problemas. Un Capone que se derrumba a lágrima viva ante sus enemigos.

Atractiva premisa que Harold Ramis desarrolla tendiendo a la inevitable comicidad del asunto. Una Terapia Peligrosa (nombre comercial, pero que se distancia del muy directo Analyze this original) nos ofrece la oportunidad de disfrutar del revoltillo cómico entre un mafioso que aborda a un psiquiatra para que se convierta en su consigliere personal. Sí es cierto que en algunos momentos la película se pasa con la sal gorda (chabacana, concretamente), con soluciones estéticas y dialécticas facilonas, o que la trama podía haber dado para más, pero el metraje cumple su función última: entretener con algo de inteligencia, con una verborrea cómica acertada y situaciones de enredo bien hiladas por un elenco estupendo de actores (desde Chazz Palminteri y la televisiva Lisa Kudrow hasta la atinada pareja protagonista). No veamos más intenciones.

La agilidad de la puesta en escena recuerda a trabajos anteriores del director (Atrapado en el tiempo) propiciando guiños continuos a la gran variedad de cintas del género preferido de Scorsese y compañía. La partitura de Howard Shore y el tratamiento fotográfico y escenográfico son buenos ejemplos. Sin embargo, uno de los guiños más solemnes y oportunos del film es regalarnos la presencia de Robert de Niro. Un De Niro descepado de su natural biosfera fílmica y transplantado a la tierra (no muchas veces frecuentada) de la comedia, para reirnos con él viéndolo reirse de sí mismo. El Padrino, Érase una vez América, Uno de los nuestros, Casino, y un gansteril etcétera quedan caricaturizados con agudeza. El histrionismo de Robert De Niro en el filme puede no resultar tan irritante si lo vemos con esta sana visión autoparódica; hay que prepararse bien para soportar todo el despliegue de sus tics más sainetescos… (alguna licencia había que permitir al que ha sido el mejor actor del mundo, ¿no?)

Carlos Escaño González