Una vida en tres días: Melocotones pochos

Una vida en tres días | Es asombroso encontrar a Jason Reitman como director y guionista de una película tan floja 

Jason Reitman (Up in the air, Juno) adapta una novela de Joyce Maynard (la que siendo una estudiante de 18 años se se fue a vivir con Salinger en 1972) y, yo, puestos a suponer, supongo que habrá tenido poderosos motivos económicos para hacerlo porque la novela es muy mala y la película también.

La historia del preso fugado que recala en la casa de una mujer en shock desde que su marido la dejó y que vive con su hijo es una acumulación sensiblera y efectista de recursos culebrónicos. Los actores no pueden estar bien porque el guión es un desastre. La de la tarta de melocotones pochos es una de las secuencias más cursis que hemos visto ultimamente. Podría decirles más, pero no les quiero entretener que tendrán cosas mejores que hacer.

Sinopsis: Henry Wheeler es un niño de 13 años que se esfuerza por ser el hombre de la casa y cuidar de su solitaria madre en pleno torbellino de la adolescencia. Un día, ambos conocen a un hombre necesitado de ayuda que les convence de que le lleven a casa, donde descubren que es un convicto fugado. El interminable fin de semana del «Labor Day» les marcará para el resto de sus vidas.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Eric Steelberg
  • Montaje: Dana E. Glauberman
  • Música: Rolfe Kent
  • Duración: 111 m.
  • Distribuidora: Paramount
  • Público adecuado: +16 años
  • Estreno en España: 14.3.2014

EE.UU. (Labor Day), 2013

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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor