· Vida oculta | Estreno 7 de febrero de 2020.
· Malick ha enhebrado el hilo narrativo más lineal de su filmografía desde El Nuevo Mundo y la potencia ontoteológica de su historia es tremenda.

Vida oculta: Cine de alta montaña

Terrence Malick estaba contento. Saltaba a la vista, en diciembre pasado, cuando su productora me invitó a la proyección para un pequeño grupo de personas de Vida oculta, su décima película. Con la presencia de Malick, humilde, cordial y cercano, el evento se celebró en la Filmoteca Vaticana, pared con pared con la casa donde vive el papa Francisco. Qué mejor manera que finalizar su estancia en Italia donde acababa de terminar el rodaje de su undécimo largometraje. Eso nos contó Malick que, jovialmente, comentó que se volvía al día siguiente a su casa, en Houston, para montar la nueva película (en principio se llamará The Last Planet e incluye escenas de la vida de Jesucristo), que es la parte creativa de su trabajo que más le complace.

En realidad, Vida oculta es una escena de la vida de Cristo. Porque eso transparenta la historia de Franz Jägerstätter (1907-1943) y Fani Schwanninger (1913-2013), un matrimonio de granjeros austriacos con tres hijas pequeñas que se niega a echar a Dios de sus vidas para adorar a otros dioses (en concreto al nazismo) cuando todos a su alrededor lo hacen. Una vida escondida y fecunda. Aunque, en su momento, la fidelidad de estos dos católicos que deciden seguir a Cristo por caminos oscuros parezca estéril y sea incomprendida. Hasta el punto de que sus paisanos consideren que es el orgullo y la falta de amor a la madre patria lo que mueve a Franz y Fani a ser los únicos habitantes de Sankt Radegund (un pueblo alpino del norte de Austria a 30 kilómetros de Braunau, lugar de nacimiento de Hitler) que votan en contra del Anschluss en marzo de 1938, por el que Österreich se convierte en Ostmark. La historia es la historia y cuanta más se sabe menos a la ligera se opina.

[La película va de lo que va. Solo un necio, un tonto, un malvado o un frívolo diría que La Pasión según San Mateo está muy bien, pero es demasiado religiosa: menudo sermón de Herr Bach. Con lo cual, se pueden ir haciendo a la idea de que habrá quien se queje del sermón (sic) que se marca Mr. Malick. Me da vergüenza escribir esto, por eso lo pongo entre corchetes]

Una cita de Midlemarch

De la consideración de Malick sobre la fecundidad de unas vidas entregadas, de la voluntad de Fani y Franz de no juzgar ni pretender imponer a nadie su actitud, procede el hallazgo de la cita de George Eliot que cierra la película: «El creciente bien del mundo depende en parte de actos no históricos; que a ti y a mí las cosas no nos vayan tan mal como podrían haber ido, se debe en parte al número de los que vivieron fielmente una vida oculta, y descansan en tumbas no visitadas«.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

Malick conoció la historia de los Jägerstätter a mediados de los años 60 cuando estudiaba Filosofía en Harvard, gracias a un libro publicado en 1964 por el sociólogo y activista pacifista Gordon Zahn, que, a su vez, se había entrevistado con Fani en 1961. Tras la beatificación de Franz (2007), Malick leyó el epistolario escrito durante la estancia en prisión de Franz en 1943 y allí encontró la lírica adecuada para este auto sacramental, cimentado en retazos de esas cartas.

Para Malick, Fani es tan mártir como su marido (así me lo contó él mismo en Roma). A Malick le encanta Fani y en la película se nota, vaya si se nota. Porque la vida de esta mujer cuando muere su marido da para hacer varias películas… Valerie Pachner hace un trabajo portentoso. Solo por la manera en que acaricia a su marido, a su suegra, a su hermana, a sus hijas, a un burro, a una oveja, a un cerdo… La risa de Fani salva al mundo. 

Un lenguaje audiovisual sublime

Vida oculta es sustancialmente una historia de amor esponsal, uno de los más bellos retratos del matrimonio y de la santidad en la vida ordinaria que ha hecho el cine. Para lograrlo, Malick maneja un lenguaje audiovisual sublime.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

Primero por la calidad de la fotografía del alemán Widmer (fiel al estilo ontológico que Lubezki y Malick encontraron a partir de El Nuevo Mundo, con Jörg Widmer como operador y encargado de la steadicam) que da a la película una identidad visual arrolladora, renunciando como es habitual a la luz artificial y creando ambientes con atmósferas escalofriantes (en la granja, en los  campos, en la casa, en el dormitorio -real, porque las hijas dijeron que se rodara ahí- de los Jägerstätter, en la cárcel, en el tribunal, en el molino, en la cervecería, en la iglesia). Son espacios habitados y habitables para el espectador que entra en comunión con la historia que se está contando.

Luego tenemos el sonido. Un sonido asombroso por estremecedor. El manejo que hace Malick de la premoción sonora, del hierro al hierro, de la hoz a la guillotina es el propio de un poeta excepcional. El sonido de la felicidad (las labores del campo con ese matrimonio milletiano, los juegos con las niñas, los pájaros, la ternura con que suena el carácter táctil de una película de una fisicidad que entiende que el espíritu se encarna).

Un inolvidable poema sinfónico

Cuando llegamos a la música, se me funden los plomos. Tabula Rasa del estonio Arvo Pärt. Górecki, siempre Górecki, el gigante de Katowice tan amado por Malick. Y Bach, claro. Y el poderosísimo aviso a navegantes que supone el coro Y creyeron al Señor del Israel en Egipto de Handel, que suena tras la voz de Franz que abre la película soñando con vivir en las cumbres, en los árboles, volando lejos como pájaros hacia las montañas. Suena Handel y aparece ese Hitler presentado como un dios por su sacerdotisa Leni Riefenstahl, descendiendo sobre Nuremberg para ser adorado por masas enfervorizadas.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

Sin menospreciar el trabajo de James Newton Howard, que es buenísimo, me parece que las piezas precedentes, el estremecedor Agnus Dei del también polaco Wojciech Kilar que suena en el último encuentro de Fani y Franz («¿Me entiendes?… Te amo»), elevan la película a una altura vertiginosa.

Al diseño de producción impecable se le pueden dedicar muchas páginas, porque el trabajo de localizaciones es exquisito, como lo es la ambientación y el vestuario.

Por último, el trabajo de unos actores primorosamente dirigidos por Malick, que les pide que hablen en inglés cuando el lenguaje del odio (el alemán en ese momento) suena a su alrededor ladrado por fanáticos o por gente que solo admiraba a Cristo, pero no está dispuesta a seguirle por el camino de la cruz. La decisión de no subtitular el alemán es una genialidad que no entorpece el disfrute de la película y que además tiene una lucidez especial cuando compruebas la manera en que Malick redime el alemán al ponerlo en boca de Diehl y Pachner cuando se dirigen a Dios en sus oraciones postreras.

Malick ha enhebrado el hilo narrativo más lineal de su filmografía desde El Nuevo Mundo y la potencia ontoteológica de su historia es tremenda. «Al ser personal más que existir le corresponde coexistir. Y se describe como ser además, siempre además. Añadirse, acompañar, aportar, y así mantenerse siendo es lo propio de la libertad: la persona es existencialmente libre«. Creo que al filósofo Leonardo Polo, autor de esta genialidad entrecomillada, le hubiese gustado mucho esta película. Porque responde a ese poder de convocatoria que tiene la belleza.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

La belleza esperanzada de un hombre de 36 años que escribe a su mujer de 30, con tres niñas de siete, cinco y tres años: «Si debo escribir con mis manos encadenadas, encuentro eso mucho mejor que si mi mundo estuviese encadenado. En una prisión ninguna cadena, ni siquiera una sentencia de muerte, puede robarle al hombre su fe y su propia libre voluntad«.

[Malick me pidió expresamente en Roma que animara a leer las cartas de los Jägerstätter. Cumplo gustosamente con ese encargo. Hasta que algún editor español se anime, se pueden leer en inglés: es la edición que leyó Malick, aunque él sabe perfectamente alemán].

 

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Ficha Técnica

  • Dirección y Guion: Terrence Malick
  • Fotografía: Jörg Widmer
  • Montaje: Rehman Nizar Ali, Joe Gleason, Sebastian Jones
  • Música: James Newton Howard
  • Intérpretes: August Diehl, Matthias Schoenaerts, Valerie Pachner, Michael Nyqvist, Jürgen Prochnow, Bruno Ganz, Martin Wuttke, Karl Markovics, Franz Rogowski
  • Duración: 175 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: Fox
  • EE.UU. (A Hidden Life), 2019
  • Estreno: 7.2.2020
Reseña Panorama
s
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor