Wicker Man: Estilo LaBute

Robin Hardy dirigió en 1973 una de esas rarezas cinematográficas convertida en película de culto, a la que le ha llegado, irremisiblemente, la hora del remake. El encargado de tan ingrata tarea ha sido el polémico dramaturgo y realizador Neil LaBute (Detroit, 1963) que, como es costumbre, se ha ocupado también del libreto, recocinando el guión del escritor y autor teatral Anthony Shaffer, célebre por La huella, una obra teatral llevada al cine de forma magistral por J. L. Mankiewicz en 1972. En 2008 le llegará el turno a La huella, dirigida por Kenneth Branagh con guión del premio Nobel Harold Pinter: Michael Caine repite y le acompañará Jude Law.

Bueno, a lo nuestro: Nicolas Cage interpreta al sargento de policía Edward Malus, quien tras recibir una extraña carta, se traslada a la remota isla de Summersisle para investigar la desaparición de una niña. Allí entrará en contacto con una sociedad matriarcal, presidida por costumbres y ritos paganos. LaBute se ha tomado ciertas libertades a la hora de adaptar el original, libertades que han llevado a Robin Hardy a quitar su nombre del material promocional. Tampoco es que la original fuese una gran película, aunque sí era bastante diferente en cuanto a concepción y planteamiento.

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El patriarcado que dirigiera Christopher Lee se transforma en un matriarcado a cargo de la hermana Summersisle (Ellen Burstyn), donde las mujeres ejercen un poder casi tiránico -parece que el sexo femenino no merece la conmiseración de LaBute– sobre los hombres. Desaparecen de la primera el controvertido discurso religioso o el componente musical, que proporcionaba una interesante confusión de géneros cinematográficos.

Un sobrecogedor accidente de carretera que Malus no puede evitar, da comienzo a la cinta. El accidente sirve de pretexto para justificar terroríficas escenas, que el espectador experimentado en estas lindes no tarda en adjudicar a la perturbada mente del policía. Sin apenas elemento sorpresa, el guión se convierte en un cansino ejercicio de pirotecnia (en sentido literal), para ir desvelando lo que es fácilmente imaginable desde el comienzo: la excusa del único testigo.

Sobre la cinta pesan un ritmo demasiado irregular y una serie de giros efectistas, como el asunto de las abejas, que desaceleran la narración haciéndola, por momentos, inconexa y cansada. Lástima de interpretaciones, la legendaria Ellen Burstyn y Nicolas Cage resultan convincentes pese a todo, y junto a la música de Angelo Badalamenti (famoso por sus colaboraciones con el realizador David Lynch), componen lo más interesante del filme.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Paul Sarossy
  • Montaje: Joel Plotch
  • Música: Angelo Badalamenti
  • Duración: 103 min.
  • Público adecuado: +18 años (VD)
  • Distribuidora: Filmax
  • Canadá (The Wicker Man), 2006
  • Estreno: 20.10.2006
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