X-Men Orígenes: Lobezno | Anatomía de Jackman

Después de la tres partes de X-Men, esta vuelta a los orígenes (algo parecido a lo que están haciendo Peter Jackson y Guillermo del Toro con el díptico dedicado a El Hobbit) ha recorrido un largo camino hasta su estreno (en gran parte por intentar ofrecer algo distinto). Probablemente por eso se ha escogido a un director más bien desconcertante: Gavin Hood (ganador de un Oscar por Tsotsi y creador del insípido Expediente Anwar). En la producción ejecutiva se ha contado con el buen artesano Richard Donner, que quizás tenga algo que ver con que la película mantenga el interés gracias a un cierto esqueleto argumental.

X-Men Orígenes: Lobezno tiene un buen ritmo y hay que reconocer que las escenas de acción, especialmente al principio y al final, son muy espectaculares y no defraudan. Además, la historia va despertando cierto interés en su desarrollo. Los problemas comienzan cuando a mitad de película el director se acuerda que tiene al actor más sexy del mundo y que ha llegado el momento de darle un homenaje a su cuerpo serrano. Así comienza la retahíla de excusas para descamisarle, con maneras que sacarían los colores al mismísimo Luhrmann.

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Por otra parte, la superficialidad con que retrata las relaciones entre personajes baja mucho el nivel de la película. En fin, queda lejos de las recientes buenas películas de superhéroes como El caballero oscuro o Iron Man.

Ficha Técnica

  • País: Australia/EE.UU./Nueva Zelanda (X-Men Origins: Wolverine, 2009)
  • Fotografía: Donald McAlpine
  • Montaje: Nicolas de Toth, Megan Gill
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Público adecuado: 107 m. Jóvenes
  • Distribuidora: Fox
  • Estreno: 30.4.2009
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Reseña
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