X-Men

X-Men: Acción mutante

El cine de acción tiene más hambre que Carpanta. Para saciarla, los ejecutivos de Hollywood echan mano de casi todo lo que prometa tener al espectador botando en el asiento durante dos horas largas. X-Men tiene sus fallos, pero cuenta con un gran atractivo. Es una historia distinta, que nos aleja de los tediosos clichés (plot lo llaman ellos) que la industria del entretenimiento repite sin pudor: el explotido apocalíptico, la invasión de Nueva York, el paranoico asesino en serie, las parejitas de polis antitéticos, el alienígena vengativo e implacable, la cosa catastrófica que reúne a dos pimpollos enemistados…

X-Men bebe de un cómic que empecé a leer allá por las Olimpiadas de Munich. La Marvel Comic Group ofrecía unos tebeos con formato libro, que casi nunca defraudaban, y te hacían peregrinar al kiosco todas las semanas. Capitán América, Spiderman, Los 4 fantásticos, Los vengadores, Thor, La masa, El hombre de hierro… y La Patrulla X. Tíos musculosos con doble personalidad, rayos destructores y mamporros, ingenios voladores, chicas guapas con poderes y con curvas para 3 circuitos de Fórmula 1. El cómic por entregas tiene un lenguaje propio, circunscrito al concepto de aventura en singular (la peripecia o reto específico que se le propone al superhéroe). Un lenguaje que tiene un elemento primordial en el «continuará» -final e inicial- que suele dejar al héroe -y con él, al lector-, contusionado y colgando de una cornisa de la 6ª Avenida, mientras el villano sonríe aprestándose al golpe definitivo.

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A mí, la historia de X-Men me parece muy interesante, con muchas posibilidades cinematográficas. Singer comienza muy bien, con una secuencia muy estilo cómic, que le permite un arranque prometedor y tenebroso. La película avanza adecuadamente de la mano de Lobezno y Pícara, los dos personajes mejor dibujados, pero de pronto, inesperadamente, se para. Siguiendo mi criterio habitual no contaré nada más. Los amigos de Cíclope y el Dr. Xavier gozarán de una puesta en escena muy brillante y de algunas secuencias de acción bien concebidas, pero se sorprenderán del poco partido que se saca a elementos capitales del cómic original: el tránsito de la vida común a la «misión», el ocultamiento de identidad, los romances entre los superhéroes, el uso de los superpoderes.

Da la impresión de que Singer se ha preocupado tanto de la parafernalia mutante que ha descuidado lo fundamental: guión, guión, guión. O dicho de otro modo, falta trama, los malos no dan la talla, el montaje se precipita y acaba aturrullado. Con todo, sean bienvenidos los X-Men, unos héroes mutantes que defienden el bien, no llegan a apaños con el malo, no matan por placer y no se mueven por dinero.


X-Men (2000)

País: EE.UU. Dirección: Bryan Singer Guión: Tom Desanto, Bryan Singer, David Hayter Fotografía: Newton Thomas Música: Michael Kamen Montaje: Jacobo Quadri Intérpretes: Patrick Stewart, Ian Mckellen, Anna Paquin, Hugh Jackman

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor