Zatoichi

Año: 2003. Duracióm: 111 minutos País: Japón Dirección, guión y montaje: Takeshi Kitano Fotografía: K. Yana­gishi­ma Música: K. Suzuki Montaje: Tom McArdle Intérpretes: Beat Takeshi, Tadanobu Asano, Mi­chi­yo Ogusu, Gadarukanaru Ta­ka, Daigorô Tachibana, Yuu­ko Daike, Yui Natsukawa Distribuidora: DeAPlaneta Precio: 21 € 

Takeshi Kitano (Tokio, 1947) posee una de las trayectorias más curiosas de entre todos los cineastas ac­tuales: de humorista de cabaret pasó a for­mar el dúo cómico Two beats, que forjó el humor de una generación entera de Japón (1974-1983); fue actor de telecomedias, pre­sentador de concursos (el mítico Humor amarillo), cronista deportivo, invitado de ter­tulias radiofónicas… Hasta que, a sus 42 años, se encontró fortuitamente con un proyecto en sus manos en el que, además de ac­tuar, ejercería de director. Desde aquel Violent cop, Beat Ta­keshi ha dirigido diez tí­tulos más, con los que se ha situado en la cresta de la ola.

- Anuncio -

Zatoichi (2003) es la historia de dos venganzas entrecruzadas por el azar, la de un ma­­sajista ciego extraordinariamente diestro con la katana, y la de dos hermanos que intentan vengar el asesinato de sus padres. Si algo caracteriza al cine de Kitano es la sim­plificación temática.

Las historias que na­rra son aparentemente planas, pero esa sen­cillez ar­gumental las dota de un nivel de abs­trac­ción que las hace más universales, más aprehensibles para todas las culturas.

La simplicidad argumental se ve contrastada por una barroca y compleja narrativa. Ki­ta­no nos presenta tres historias con una al­ter­nancia fuera de lógica. Introduce flash-backs que en el cine occidental pasarían por pe­ca­do, y usa mezclas diegéticas difíciles de asimilar para el espectador.

Por encima -o por debajo- de todo eso, Za­toichi es una película fascinante, bailable al rit­mo de las percusiones fortuitas de los cam­pesinos; vibrante en las fugaces coreografías de luchas hechas más de brillantísimo montaje que de puesta en escena; humorística en su ironía llena de sutileza; reflexiva en su buceo en la condición humana. Un verdadero alarde de genialidad, de libertad expresiva, de falta de prejuicios cinematográficos.