El ala oeste de la Casa Blanca: Verdad, ideal, realidad

La política norteamericana (como el amor, la guerra, la ley y el orden, el periodismo…) es campo magnético para las artes narrativas de Hollywood. Así es al menos desde Caballero sin espada (1939), de Frank Capra, o Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles, hasta Mank (2020), de David Fincher, y cuanto el talento y el porvenir vayan deparando.

Las series cuyo tema principal es la política incluyen títulos destacables como John Adams (2008), Homeland (2011-20) o House of Cards (2013-18). El ala oeste de la Casa Blanca (1999-2006) es un clásico, con muchos elementos dignos de estudio. Creada, coproducida y escrita durante sus cuatro primeras temporadas por el brillante y narcisista Aaron Sorkin (Nueva York, 1961), autor de los guiones de notables películas: Algunos hombres buenos (1992), de Rob Reiner; La red social (2010), del citado Fincher; Moneyball: rompiendo las reglas (2011), de Bennett Miller, etc., además de Molly’s Game (2017) y El juicio de los 7 de Chicago (2020), también dirigidas por Sorkin.

El ala oeste de la Casa Blanca acumula un abrumador catálogo de reconocimientos, entre galardones y candidaturas: ciento dieciocho premios, sobre doscientas sesenta y tres designaciones. 23 premios Emmy (solo igualados por la ochentera Canción Triste de Hill Street) y dos Globos de Oro en 2001 (serie y actor, Sheen). En Estados Unidos la emitió semanalmente la NBC. Warner fue la productora.

Retratos periodísticos

Bien diferentes fueron los resultados del resto de sus proyectos y guiones televisivos, potentes tratados sobre los bastidores periodísticos y la condición humana. Mayor confianza de la obtenida debieron merecer, pienso, tanto de la audiencia como en los despachos. Sin embargo, las abundantes distinciones recibidas no fueron suficiente aval a ojos de los productores, que en todos los casos optaron por la misma decisión salomónica: la cancelación.

Así, los cuarenta y cinco capítulos de Sports Night (1998-2000), en torno a un programa deportivo en declive, apenas contaron con un margen de confianza de año y medio. Los veintidós episodios y nueve meses de emisión sobre los entramados del periodismo y la sociedad retratada en Studio 60 on the Sunset Strip (2006-07), tal vez sean la herida más profunda en el currículum creativo de Sorkin. Siguiente proyecto de Sorkin tras el arrebatador éxito de El ala oeste, Studio 60 es un paradigma de la afilada arista que en el mundo audiovisual separa el fasto y la pompa, del injusto olvido. Tampoco The Newsroom (2012-14) se libró de una prematura suspensión, tras veinticinco capítulos.

Aun así, cada una con sus aciertos y defectos, todas componen junto a El ala oeste de la Casa Blanca un referencial retablo viviente de la conciencia crítica audiovisual contemporánea. Basten como constatación, las secuencias de arranque de The Newsroom y Studio 60, tributaria ésta a su vez de Network, un mundo implacable (1976), de Sidney Lumet.

Las sucesivas decepciones televisivas desembocaron en un cambio de trayectoria, en virtud del cual, además de escribir, Sorkin también dirige sus proyectos cinematográficos.

Todo empezó en 1995

El ala oeste de la Casa Blanca surgió de retazos descartados de otra película de Rob Reiner: El presidente y miss Wade (The American President, 1995) en la que el actor Martin Sheen (Dayton, Ohio, 1940) interpretaba al jefe de gabinete del presidente.

El ala oeste de la Casa Blanca (1999)
El ala oeste de la Casa Blanca (1999)

El arrollador aluvión temático de la serie, argumental y dramático, es encauzado en su caso por los asesores del ficticio Josiah ‘Jed’ Bartlet, presidente de los Estados Unidos, demócrata, formado como economista en la London School of Economics, catedrático en Dartmouth College -una de las universidades de la Ivy League, fundada por los ingleses antes de la Independencia- y Premio Nobel de Economía, con experiencia política por haber sido gobernador de New Hampshire (es asombroso que con esa edad, a Bartlet le haya dado tiempo a todo eso). Encarnado por el siempre carismático Martin Sheen, no desmerece el resto del magnífico reparto, en especial, Allison Janney, Richard Schiff y Alan Alda.

El presidente Josiah Bartlet

Académico e informal, grave y divertido, locuaz y ambicioso, católico y liberal, conservador selectivo y reformista… su mismo nombre tiene muy poco de casual. Es así, en tanto que dicho particular revela el conocimiento que Aaron Sorkin posee de su propia condición y tradición judaica o la radical consciencia del largo alcance de sus propias decisiones creativas.

Josiah (Josías) fue un rey judío veterotestamentario coetáneo del profeta Jeremías, que gobernó el reino de Judá entre los años 640 y 609 a.C. Sus importantes reformas dejaron una profunda impronta, decisiva para consolidar la unidad política, administrativa y religiosa del pueblo judío.

Así, en torno a un único Dios, guiado por un solo monarca, asentado en una única capital (Jerusalén), bajo la autoridad espiritual de un solo templo (el de Salomón) y fiel a una sola Ley, originaria del Deuteronomio, uno de los cinco primeros libros de la Biblia.

No parece pues difícil establecer correspondencias, entre esta serie de claves y Josiah Bartlet: ambicioso y decidido reformista, habitual invocador de la protección de un Dios común, guía de una nación unificada (autodenominada, de hecho, Unión), supremo protector de los símbolos comunes (bandera, Constitución, leyes), morador de los simbólicos templos de la democracia (Casa Blanca y Capitolio), respetuoso guardián de la memoria de sus predecesores, comandante en jefe de los ejércitos…

Pero dichas características, creo yo, en el fondo también contribuyen a amplificar e intensificar la dimensión institucional de El ala oeste de la Casa Blanca (y, por extensión, de las artes cinematográficas de Hollywood), tan definitoria de la historia de los Estados Unidos. De ahí la permanente revisión recreativa de la imagen de esa república y la periódica actualización de la democracia presidencialista por antonomasia, en la persona de un ser humano investido de más poder y autoridad que todo homólogo, rey o líder militar.

Una suerte de emperador contemporáneo, heredero además del batiburrillo iluminista que a partir del siglo XVII asumió con especial fuerza el judaísmo en el cristianismo. La significación y resonancia de conceptos bíblicos, como ‘pueblo elegido’ y ‘tierra prometida’, tuvieron de este modo una singular resonancia temporal.

Fuese a través del desterrado puritanismo inglés, de la doctrina del Destino Manifiesto en el siglo XIX, etc., El ala oeste de la Casa Blanca es un recordatorio de que en la historia norteamericana late un voluntarista deseo de satisfacer el legítimo derecho y anhelo humano a disponer de segundas oportunidades.

Sea como fuere, tampoco es casual el intérprete elegido para encarnar a Bartlet: Martin Sheen, un gran actor jamás nominado al Oscar, pero dotado de un carisma y popularidad propios de un candidato (o de un presidente) con permanente viento de cola en los sondeos.

El estilo de Sorkin

El vigoroso estilo de Sorkin se basa en una versátil agudeza para el diálogo fecundo, incisivo, vertiginoso… trazador de sólidos personajes, que concilian el trepidante ritmo de la mejor tradición político-periodística y la screwball comedy.

Medio idóneo, por lo demás, para los constantes y dinámicos walk and talk, planos secuencia dialogados y filmados con steadicam en todo pasillo, escalera o espacio que se ponga por delante, empezando por el enorme plató que recrea el Ala Oeste.

El ala oeste de la Casa Blanca (1999)
El ala oeste de la Casa Blanca (1999)

Las filias y fobias políticas e ideológicas son desplegadas asimismo según parámetros del militante ala izquierda de la casa Hollywood, fuente de algunos de los aspectos más discutibles de la serie.

Con todo, en muchos de éstos no son rehuidos el debate, la autocrítica y aun la rectificación… si bien lo usual es que prevalezca la ‘línea editorial’, pautada según el hoy apriorístico canon de la ‘superior’, indiscutible y, de facto, impuesta corrección política.

Escoltada por las coberturas judicial y periodística, la política es reforzada además con eficaces contrapuntos humorísticos y emocionales. Así torna amable ámbito de reflexión en torno a la naturaleza, sentido e imagen de la primera democracia y al funcionamiento de los resortes del poder, en el cambio de siglo y milenio.

A partir de la quinta temporada, la homogeneidad del conjunto fue preservada por nuevos guionistas, tras el abandono de Sorkin a causa de los problemas con las drogas que él mismo comentó.

El ala oeste de la Casa Blanca es un ameno, exigente y ambicioso desafío de altos ideales y vuelos didácticos, cuyos solemnes fines pretenden buscar las raíces: ponderar los fundamentos de la democracia, reconsiderar la gestión de la res pública, dignificar la política como un servicio orientado al bien común; recrear la posibilidad, en suma, de un mundo deseable donde la excelencia, el juego limpio, la nobleza y aun la cooperación entre adversarios, estén garantizados…

Vista en 2021, es inevitable preguntarse cómo sería El ala oeste de la Casa Blanca hecha hoy… sin sentir rubor ante una hipotética recreación de la bochornosa e incierta actualidad. Sin abismarse en la creciente grieta existente entre lo que es y lo que debería ser, entre realidad y modelo, entre presente y condicional.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (The West Wing), 1999-2006
  • Dirección: Christopher Misiano, Alex Graves, Thomas Schlamme
  • Fotografía: Thomas Del Ruth, Michael Mayers
  • Música: W. G. Snuffy Walden
  • Duración: 7 temporadas (154 capítulos de 45 minutos)
  • Emisión en España: Amazon Prime Video
  • Público adecuado: +16 años
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Reseña
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Licenciado en Geografía e Historia (especialidad Historia del Arte) y Diplomado en Estudios Avanzados de Historia del Arte. Autor del libro “John Ford en Innisfree. La homérica historia de ‘El hombre tranquilo’ (1933-1952)”