Glee: Un musical a la medida del siglo XXI

Ryan Murphy es uno de los grandes crea­dores de series norteamericanas, aunque en España todavía es poco conocido. Prue­ba de ello es la escasa atención que tu­vo en los medios en su última aparición en nuestro país. Fue para presentar su vapu­leada Co­me, reza, ama, que el último Fes­tival de Ci­ne de San Sebastián tuvo que in­cluir en la Sección Oficial para contar con la presen­cia de Julia Roberts.

Pero el nombre de Murphy comenzó a so­nar antes, en 1999, con la serie Popular y, sobre todo, en 2003 con la serie Nip/Tuck, a golpe de bisturí. En total 100 ca­pítulos y 6 temporadas que le llevaron a lo­grar el Globo de Oro a la mejor serie dramá­tica venciendo incluso a Los Soprano. En es­ta serie demostró su ingenio y acidez tratan­do con una ironía salvaje el inhumano mun­do de la cirugía estética. Hace unos me­ses consolidaba su carrera ganando tres Glo­bos de Oro con la segunda temporada de Glee: una serie musical universitaria que se ale­ja de los moldes ochenteros e ingenuos de Fama o High School Musical.

Un fornido jugador de fútbol americano, un adolescente gay, una gótica tartamuda, un macarra con las hormonas disparadas, un paralítico sin complejos, una obesa afroame­ricana de poderosa voz, una niña pija na­cida in vitro de dos padres homosexuales y la hipócrita presidenta del club de la casti­dad. Todos ellos componen el grupo musical Glee que dirige un profesor bienintencio­nado y harto de su mujer, y una profeso­ra de gimnasia viril y dictadora que inten­ta acabar con el grupo. Este elenco de per­sonajes extravagantes cobra vida gracias a un casting perfecto que borda cada uno de sus papeles (algo que ya sucedía en la ope­ra prima cinematográfica de Murphy: Re­cortes de mi vida).

El principal mérito de Glee son sus acerta­das coreografías basadas en adaptaciones de grandes temas de Madonna, Beyonce o Pre­tenders. Murphy aprovecha muy bien la modernización de las canciones, el montaje, vestuario y sencillo diseño de producción en el que hace un sobresaliente uso de co­lores vivos. Por otro lado, el guión dosifi­ca bien los abundantes gags que hacen que la serie tenga un envidiable ritmo narra­tivo muy atractivo. Es menos ácida y mor­bosa que Nip/Tuck pero sigue siendo un pro­ducto más apropiado para adultos que pa­ra adolescentes, aunque pretenda atrapar a este último target de espectador. A Mur­phy le acaba sucediendo lo mismo que al cine de Almodóvar: estéticamente funcio­na pero es muy difícil que el desarrollo de la serie conecte al espectador con perso­na­jes y situaciones demasiado estirados, arti­ficiales.

Al final, lo caústico supera lo emotivo, y los momentos en que quiere tomarse en serio resultan tramposos ya que todo está plan­teado para ser divertido, colorista y mu­sical, pero no creíble. Esto hace que el es­pectador perciba que “todo vale” en el de­sarrollo de personajes cada vez más irreco­nocibles.

En este sentido resulta muy representati­vo el capítulo The power of Madonna, en que los personajes no sólo imitan con bastan­te gracia los bailes de la reina del pop, si­no que también asumen el mensaje de sus can­ciones como si se tratase de un legado fi­losófico. “Si el dolor está donde quiera que vayas, conozco un lugar al que puedes es­capar, se llama pista de baile y está para eso. Deja que tu cuerpo se mueva con la mú­sica”. Puede servir para un buen videoclip de los 90. Pero, en mi opinión, una serie que casi llega a los 1.000 minutos necesi­ta más hondura, matiz y personaje. Y esto se nota en una segunda temporada en la que menguan las sorpresas y los momentos bri­llantes.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., 2009
  • Fotografía: Christopher Baffa
  • Música: James S. Levine
  • Duración: 38 capítulos de 40 minutos (22 la 1ª temporada y 16 la 2ª)
  • Productora: Ryan Murphy Production y 20th Century Fox para la cadena Fox
  • Estreno en Reino Unido: 19.5.2009 (1ª temporada) y 9.9.2009 (2ª temporada)
  • Emisión en España: Neox (Antena 3) ha comprado los derechos para emitir­la en abierto
  • Público adecuado: +18 años (temática, erotismo)
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