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A propósito de los Oscar 1998

Oscar in love: La vida es bella, Spielberg y un tal Will

A propósito de los Oscar 1998, mi resumen personal e intransferible es quiet simple, que dicen los anglosajones: Reconocimiento -envuelto en típica polémica revisionista- a un pedazo de cineasta llamado Elia Kazan; memorable dueto de Celine y Bocceli. Varios buenos puntos de Whoopie. Alegría por el reconocimiento angélico al vitalismo espirituoso e inteligente de la hermosa película de Benigni y la Braschi (olvidar a esta mujer no tiene perdón: en ella radica buena parte de la poesía de esa historia sabiamente equilibrada que es La vida es bella).

Satisfacción por el triunfo de Spielberg, un cineasta capaz -de vez en cuando- de acercarse a la perfección al frente de un equipo de parte de arriba de la liga de campeones. Y también, entusiasmo por ver ahí a Fernanda Montenegro y Estación Central de Brasil, como levantando la bandera de la reconciliación entre el cine y los humildes protagonistas del lado feo de la cosa. Sublimes Kaminski y Kahn, merecidos reconocimientos a Corburn -fenomenal e indigesta The afflictión– y Dench

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La película del año, según la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, es una fenomenaaal, sublime, maravillosa, genial ¿saes?, molona, topeguai… vaciedad. Una imbecilidad tópica montada para el deslumbre, donde parece importar un rábano quién fue Shakespeare o qué escribió dicho sujeto, o cuál fuera o fuese el legado cultural que ha deparado a la humanidad. Eso sí, con gran afán cultural-divulgativo por mostrar con zafiedad la genitalidad de las pasiones de cintura para abajo, que cinematográficamente hablando son aburridas a más no poder (entre bastantes grandes de la dirección, esto lo sostienen casi textualmente los maestros Preminger, Lang y Dreyer).

 

El viejo William no se merecía esto. Vaya este desagravio, viejo bardo, de la mano amiga y salmantina de Fray Luis, tan universitario él: ¿Qué mirarán los ojos,/que vieron de tu rostro la hermosura,/que no les sea enojos?/Quien oyó tu dulzura,/¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Alberto Fijo