2ª Crónica del Sevilla Festival de Cine Europeo 2014

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¿Juventud, divino tesoro?

Class enemy del realizador esloveno novel Rok Bicek ha sido una de las sorpresas de estos días de festival. A medio camino entre La clase y La Ola, y con El club de los poetas muertos como reverso, pero con un sello muy personal, esta ópera prima deslumbró en la Semana de la Crítica de Venecia, donde obtuvo el Premio a la mejor película.

Un suceso trágico ocurrido tras la llegada de un profesor sustituto de alemán, de métodos cuestionables -inflexible y convincente Igor Samobor– desata una reacción en cadena entre los alumnos que escapa al control de la dirección del instituto.

Todo sale a la palestra: los fantasmas totalitarios, la complejidad emocional de la etapa adolescente, la superficialidad de las relaciones, la fuerza del grupo y la necesidad de encontrar un chivo expiatorio. Nadie se queda sin su lección: padres, alumnos, profesores. Pero sin maniqueísmos, sin blancos y negros, en una elegante gama de grises que no esquiva cada compleja cuestión ética, lo que le ha valido un lugar como finalista a los premios Lux del Parlamento Europeo.

El guión fluye como la seda y la cámara se mueve libremente por los muros del centro escolar, se demora en los rostros de esos alumnos –magnífica interpretación y dirección de actores-, revelando el mundo interior de cada uno.

De más al norte de Europa, de las repúblicas bálticas, llega Free Range, estoniana, una película de estética hipster que arranca de un planteamiento original, el despido de Fred de su trabajo, por una frívola reseña sobre El árbol de la vida y la noticia del embarazo de su novia.

El errático deambular del protagonista de un trabajo a otro, la pura indecisión ahogada en descontrol vital, deja de tener gracia pronto y deviene en hastío. Si algo mantiene la película es la música de Cat Stevens y Scott Walker.

Concrete night, representante de Finlandia a los Oscar, es una rara belleza expresionista y existencial bastante inclasificable, que ha arrasado en los premios de la academia de su país. Una obra de arte de carácter onírico que contiene cierta verdad pero llevada a un extremo de brutalidad casi inverosímil. Algo así como una fábula sobre las influencias fraternas en clave nietzschiana. Rodada el blanco y negro, con una cámara prodigiosa, y en un entorno portuario, narra las últimas horas de convivencia de dos hermanos, antes de que el mayor ingrese en prisión.

Tema compartido con la francesa Todos tus muertos, de Jean-Charles Hue, ganadora del premio Jean Vigo, aunque en clave más luminosa. Jason, gitano de 18 años, está a punto de bautizarse en la iglesia evangélica, cuando su hermano mayor regresa tras quince años en la cárcel, con ganas de recuperar su puesto de gallo del corral. La noche que pasan a su vuelta no la olvidarán nunca.

Entre thriller policiaco y retrato de ambientes marginales -esos no-lugares que tan bien reflejan la búsqueda y el desarraigo- hace un interesante estudio de personajes en el que brilla una defensa épica del clan familiar.

Cristina Abad