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50 años del Festival de San Sebastián

Festival de San Sebastián

En este 2002 se cumplen 50 años del Festival de San Sebastián, medio siglo de historias cinéfilas junto al mar.

Nada más original ni más bonito que el espectáculo de Els comedians en la plaza de Toros de San Sebas­tián del pasado sábado 21 para explicar la magia del cine. Una puesta en escena grandiosa e imaginativa en la que lo más sencillo que vimos fue cómo construían una pantalla gigante sobre el público.

Con las calles y las salas abarrotadas del mejor de los ambientes (el de la gente entusiasta del buen cine), sección oficial, zabaltegi, made in spanish, las retrospectivas de Michael Powell y Volker Schlöndorff, la sección especial 50 de los 50 y un homenaje a Francis Ford Coppola han desbordado la programación de estos 50 años del Festival de San Sebastián de metraje internacional.

SEC.1- INT. NOCHE (bar)


El camarero sirve un chupito a unos amigos que rebasan los 40, compañeros fieles y unidos por el desatino.

Fernando León sigue reivindicando un hueco para realidades que a veces olvidamos, como la agonía del día a día de los parados. Y, como en Barrio, en Los lunes al sol lo hace con agallas, de corazón a corazón, apostando esta vez mucho más fuerte por el humor despierto y de subtexto certero, propio de los grandes guionistas.

La detallista y nuevamente genial interpretación del versátil Javier Bardem nos abre las puertas a un mundo de rutina, de días y horas interminables; al drama de una incertidumbre que se va confirmando cuando miras a tu alrededor y ves menos puestos de trabajo pero más gente más joven y más preparada.

Pero lo peor es cuando te miras al espejo y te enfrentas a un tinte cutre que chorrea y que no rejuvenece, y a un cansancio sedante fruto de la impotencia. Una historia contada con humanidad, crudeza y la pena de saber que esas interpretaciones soberbias calcan la vida real.

SEC.2- EXT. DÍA (montañas del norte de Irán)

Una profesora en busca de alumnos topa con una campesina en busca de profesora para sus hijos.

En la línea temática de La pizarra (Makmalbaf), el iraní Farhad Meh­ranfar llega a San Sebastián con The winter song, un verdadero canto a la riqueza del aprendizaje a todos los niveles, y proveniente de quien menos esperas que te puede aportar algo. Si bien es verdad que Mehranfar hace repetitivos los minutos finales del relato, vale la pena adentrarse en esa casa apartada de las demás para observar la capacidad de adaptación de esta joven maestra a la cara y la cruz de la naturaleza.

SEC.3- INT. DÍA (despacho)

Fer se sirve otra copa y se enciende otro cigarro.

Hay habituales en este Festival de San Sebastián que son una apuesta segura. Es el caso de Adolfo Aristarain que vino con Martín (Hache) y Un lugar en el mundo, y vuelve con Lugares comunes, un locuaz título y una linda y triste película. Y cierta: cada argentino es como una parte de una casa vieja abandonada, con grietas profundas y parcheadas una y otra vez, pero que acabará cayendo por su propio peso trozo a trozo, familia a familia.

A Fer y Lili (encantadores y sentidos Federico Lupi y Mercedes Sampietro) no les queda otra que vender su piso e irse a vivir al campo (que es más de lo que muchos argentinos pueden hacer). El buen hacer de Aristarain se descubre sobre todo en el retrato impecable que hace del amor a través de Lili y de su monólogo junto al coche, a punto de derrumbarse.

SEC.4- INT. DÍA (habitación de un orfanato)

Joseph, un niño de 12 años, está a punto de suicidarse con una cuerda.

Como un dardo envenenado llega desde Francia a Zabaltegi Los diablos. Adéle Haenel (la hermana de Joseph) y Vincent Rottiers son los protagonistas de esta historia desgarradora sobre dos niños huérfanos que si les separan se mueren; casi seguro que no aprenderían a sobrevivir el uno sin el otro, pero ni siquiera lo comprobarán cueste lo que cueste.

Escrita y codirigida (junto a Olivier Lorelle) por Christophe Ruggia, dos niños a los que la vida les va haciendo endemoniados dan una lección interpretativa capaz de transmitir el dolor más puntiagudo, y de contar una historia única que te encoge el corazón.

SEC.5- EXT. DÍA (lluvia intensa)

Una anciana coreana con problemas de espalda camina cargada por el campo de vuelta a casa.

Hay un tipo de cine oriental (en esta ocasión coreano) con una sensibilidad especial, envidiable. Lee Jung-Hyang demuestra en Jibeuro (The way home) que la comunicación a veces no está en las palabras. Quizá sea el silencio el medio más intenso de transmitir cariño. Por eso, una abuela siempre callada, buena, trabajadora y paciente con un nieto insoportable consigue ganarse su afecto y enseñarle las cosas más preciadas de esta vida. Mejor aún, consigue que las aprenda por sí mismo. Por eso emocionan detalles como el de las postales que le da antes de regresar a la ciudad, o la ternura con que le deja preparadas las agujas con el hilo.

SEC.6- EXT. DÍA (campo andaluz)

Carlos clava unos postes de madera en el terreno.

Lo que hace Carlos es renovar el dicho de robar a los ricos para dárselo a los pobres: él tima a los listillos prepotentes como su primo para dárselo a él mismo (bueno, a su familia para poder comer sin que su madre tenga que ponerse a vender tabaco en la calle). Carlos contra el mundo, una historia escrita y dirigida por Chiqui Carabante, está contada con tanta gracia como su genial corto Bailongas. Es de carcajada constante; de tan patética, divertida.

Pero risas a parte, a la historia que Carabante nos quiere contar en estos 50 años del Festival de San Sebastián le falta solidez, flaquea en algunos momentos y decepciona un final increíble y poco elaborado. El punto de apoyo de la cinta son unos personajes bien dibujados y mejor interpretados, en especial Carlos (Gilberto Ramírez), la máxima expresión de hacer las cosas sólo para contentar a los demás.

SEC.7- INT. NOCHE (Teatro Principal, San Sebastián)

El público sigue aplaudiendo mientras suena de fondo, con la pantalla en negro, la canción de U2 «Domingo sangriento».

El 30 de enero de 1972 se produjo en Irlanda una injusta y brutal represión a una manifestación pacifista liderada por un parlamentario. El director y guionista Paul Greengrass arriesga y acierta en Bloody Sunday con un estilo documental personal, con una narrativa basada en constantes fundidos en negro y un arranque potentísimo que intercala dos discursos irreconciliables. Tantas víctimas e infinita incomprensión es la estela de este suceso que podemos leer en la mirada perdida y llorosa del líder pacifista, una magistral interpretación de James Nesbitt.

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