Blancanieves ganadora en los Goya… con el permiso de Lo imposible

Un 10 para la película de Berger. La matricula se le escapa porque Bayona fue mejor director. Tadeo Jones atrapa 3 premios.

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Blancanieves ganadora en los Goya… con el permiso de Lo imposible. Ganó la favorita. Y ganó en una edición de lujo en la que cualquiera de las nominadas tenía méritos más que suficientes para alzarse con el Goya más preciado. Blancanieves, Lo imposible, Grupo 7 y El artista y la modelo, están a años luz de muchas de las ganadoras en ediciones anteriores.

Cualquiera habría podido ganar con méritos propios, pero ganó Blancanieves, una cinta que desde los primeros visionados de prensa sorprendió a la crítica por su mezcla de radicalidad, tradición, oscuridad y sol. Una película blanca y negra, nunca mejor dicho.

Blancanieves ganadora en los Goya

Ganó la favorita pero no arrolló como muchos temían que arrollara. Unos minutos antes de que terminara la Gala –soporífera por varios motivos pero sobre todo por la falta de chispa de Eva Hache- los académicos le dieron el Goya a mejor director a Juan Antonio –Jota- Bayona y las alarmas se dispararon: ¿se llevaría al final también el premio gordo? La incertidumbre duró muy poco. Los escasos minutos que van de un premio a otro y que confirmaron que, a pesar de la calidad técnica de Lo imposible –reconocida con  4 estatuillas sonido, dirección de producción, efectos especiales, montaje – Blancanieves es la película del año. 10 premios la avalan, además de mejor película, esta cinta muda ganó en la categoría de guión original, mejor actriz revelación –una emocionadísima y cautivadora Macarena García-, mejor actriz- Maribel Verdú, que parecía haber ganado un Oscar-, mejor música original, mejor canción, dirección artística, fotografía, vestuario y maquillaje y peluquería.

Con quince estatuillas repartidas entre estas dos películas, el resto fue una pedrea repartida… o no tanto, porque después de Blancanieves y Lo imposible, Las aventuras de Tadeo Jones fue la gran ganadora. Tres premios importantes (mejor película de animación, mejor guión adaptado y mejor dirección novel) que, en una película animada, es todo un triunfo.

Grupo 7 ganó también dos Goyas de los grandes: mejor actor secundario para Julián Vilagrán y actor revelación para Joaquin Núñez. Menos suerte tuvo El artista y la modelo. La película de Trueba se fue de vacío, aunque le queda el consuelo de haber recibido importantes nominaciones en una edición de high level.

Y si el cine de este año ha brillado, no se puede decir lo mismo de una Gala que resultó llamativamente deslucida. Había cierta tensión por el anuncio de un grupo de actores de convertir la fiesta en un No a la guerra revisitado. González Macho había manifestado su oposición  a este tipo de protesta y en la propia alfombra roja muchos actores manifestaron que el sitio para protestar no era la Gala y que a los invitados, refiriéndose a las autoridades, hay que tratarlos bien.

Pero una cosa es lo que dijera González Macho –que afirmó en su discurso que el cine no es de los de la ceja ni de los del bigote sino de todos- y lo que piensan un porcentaje muy alto de actores y directores y otra lo que opina Eva Hache, o a lo mejor no lo opina pero con algo tiene que hacer chistes. La verdad es que la presentadora fue lo peor de la Gala. Exceptuando el arranque de la Gala, con un gracioso homenaje a Berlanga, el resto fue de una pesadez insoportable: arremetió contra todo bicho viviente, desde el ministro de Cultura hasta los smartphone (sonrojante el discursito con moralina sobre el uso del móvil, propio de una clase de primaria), se alargó en parlamentos infinitos, hizo bromas sin gracia y consiguió que echáramos de menos a todos los presentadores anteriores (y mira que los ha habido malos). En su descargo hay que decir que quien planificó la escaleta de la Gala no estuvo tampoco especialmente lúcido… pero analizar eso nos llevaría demasiado (solo diré que un discurso del presidente de la Academia nunca lo puedes colocar donde se colocó).

Animados por la jerga guerrillera de la Hache, algunos actores se sumaron a las reivindicaciones. La que más fuerza tuvo fue, sin duda, la de Candela Peña, Goya como mejor actriz secundaria por Una pistola en cada mano, que terminó pidiendo trabajo, porque tiene una hija a la que mantener. Después de su tajante intervención, las chapas y pegatinas de dos o tres actores parecían más propias de un patio de colegio.

Pero no todo fueron zancadillas y frases de doble sentido. La Gala tuvo dos momentos emotivos, protagonizados por dos veteranos actores: Concha Velasco que recibía un Goya de Honor y José Sacristán que, por fin, conseguía el premio de la Academia por su interpretación en El muerto y ser feliz.

Aunque sin duda, el momento estrella de la Gala no lo protagonizó ni la política, ni la emoción, ni las lágrimas, sino el misterio. El misterio de un sobre mal leído. De un premio que se dijo que era para Los niños salvajes y luego se rectificó para dárselo a Blancanieves. ¿Por qué estaba allí ese sobre? Misterio sin resolver. Asi la Gala tenía de todo. Y así a la Gala, además de sobrarle minutos, política, presentadora y discursos le sobraban sobres. Menos mal que también le sobraba buen cine. Eso es lo que salva a los Goya: el cine.

El guionista y productor Jordi Gasull (Las aventuras de Tadeo Jones) agradece el premio a mejor guión adaptado

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