Cómo entrenar a tu dragón: madurar la identidad en tres tiempos

PERSONAJES & PERSONAS

“Quizás los dragones que amenazan nuestra vida
no sean sino princesas anhelantes que sólo aguardan
un indicio de nuestra apostura y valentía.
Quizás en lo más hondo
lo que más terrible nos parece
sólo ansía nuestro amor”.
Rainer María Rilke

En la primera entrega de esta trilogía de Cómo entrenar a tu dragón, basada en los libros de la británica Cressida Cowell, las emociones, el humor y la acción acompañan al adolescente pro­tagonista en la tarea de encontrarse consigo mismo, crecer y cumplir sus sueños, a la vez que busca la aceptación de su padre, deseando complacerle y confirmar su verdadera identidad a través de su reconocimiento.

Como cualquier héroe que se precie, Hipo tendrá que luchar con dragones antes de volver al hogar: ame­nazas de la vida, miedos propios, inseguridades y me­canismos de defensa o adaptación que surgen para ven­cer aquellas situaciones que parecen superarnos, y pa­ra responder a las personas que nos asustan y a las cir­cunstancias de la vida que no nos sentimos capaces de resolver.

Hipo, en la primera película, nos enseña a mirar más allá de la conducta, nos anima a observar nuestros miedos en los miedos del otro, y aceptar así a los demás como un primer paso para aceptarnos. Tras múl­tiples aventuras descubre que los dragones se protegen por miedo y los habitantes de isla Mema, luchan por el temor de ser vencidos por el miedo de los drago­nes, ¡qué paradoja!

En la relación de Hipo y su dragón Desdentao descu­bri­mos que tendemos a proyectar nuestros miedos en los demás y que muchas de nuestras defensas psicoló­gi­cas surgen de la dificultad de mirarnos a nosotros mis­mos. Por eso cuando ponemos amor en la mirada po­demos mirar al otro aceptando su debilidad y también su fortaleza y generando puentes en la relación que permiten un mutuo descubrimiento de la verdad de quienes somos.

Hipo salta la barrera, acepta su miedo y descubre que acogiendo y escuchando a Desdentao, Furia nocturna -el dragón más peligroso que jamás se haya visto en la tierra- se convierte en su mejor amigo y en el gran compañero en el descubrimiento de sí mismo. Se hace consciente de su originalidad y siendo fiel a sí mis­mo permite a su padre descubrir la destreza, for­ta­le­za y autonomía de su hijo.

En la segunda entrega de Cómo entregar a tu dragón, Hipo ha crecido, ha desarrollado fortalezas y es un chico mucho más seguro de sí mis­mo. La relación con su padre ha madurado y este ve a su hijo preparado para asumir nuevas responsabili­da­des. En este episodio nos habla de la herencia de nues­tros padres, de aquellas cualidades que forman nues­tro temperamento, base de nuestra personalidad, y de las actitudes y habilidades que aprendemos a través de ellos en el proceso de crecimiento. Somos lo que somos, por lo que recibimos y dejamos de recibir. Hi­po hereda de su madre la capacidad para ver más allá de lo evidente y de su padre la fortaleza y valentía que unido a su proceso de crecimiento y madurez descubre sus dotes de líder y asume con libertad nuevas res­ponsabilidades.

En la última entrega de Cómo entrenar a tu dragón, descubrimos un Hipo adulto, líder, protector, luchador, valiente, amigo de sus ami­gos y hombre enamorado. Es tiempo de trascender y lo hará a través de la amistad, Hipo y Desdentao forman un gran equipo. Los dos líderes descubren que quieren cons­truir su propia vida y que esto implica renunciar a una parte de su amistad. Así, entre miedos, duelo y amor, se dan cuenta de que la vida les pide dar un pa­so más de madurez, responsabilizarse de sí mismos y concretar sus sueños. Los dos buscan el amor y la li­bertad y, a pesar de que supone una renuncia para am­bos, encuentran que la amistad, libre de dependencias, es mucho más rica y perdura en el tiempo.

Es una trilogía pretendidamente didáctica, lo cual le­jos de ser un insulto, la convierte en una bella y di­vertida herramienta docente para goce, disfrute y apren­dizaje de niños, adolescentes, padres y formadores. Nos habla del proceso de madurez personal, de la búsqueda de la propia identidad y de la necesidad del hom­bre de amar y ser amado. Nos propone descubrir nues­tros propios dragones, miedos e inseguridades y de cómo proyectamos nuestras sombras en los demás cuan­do no hacemos autocrítica estableciendo así relaciones de lucha y de búsqueda de autoridad. Sin embargo, como dice Jung, «donde hay amor no existe el de­seo de poder y donde predomina el poder el amor bri­lla por su ausencia. Uno es la sombra del otro».

Teresa Barrera
Psicóloga
www.doctorcarloschiclana.com

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